Desde la infancia se distingue el tipo femenino del masculino por caractéres fisiológicos que no escapan á una observación discreta; pero las diferencias no se limitan á esto. La sexualidad, dentro del terreno patológico, se manifiesta perfectamente diversa desde ese período de la vida humana en que el indivíduo sólo tiene señalados los rasgos particulares que más adelante han de acentuar los sexos.
Estas modalidades patológicas, notorias ya en la infancia, se marcan más después que la pubertad establece el poder sexual, continuándose con la actividad funcional de órganos que han de extinguirse en la edad de la menopausia, no sin dar lugar á perturbaciones en el organismo femenil.
La aptitud morbosa de la mujer, como la del niño, ofrece, pues, caractéres de singularidad que nos obligan á dedicarle algunas líneas.
La campesina puertorriqueña, anémica por lo general, está sugeta, más que otra alguna, á trastornos funcionales de los órganos de la generación, sobre todo aquellos que dependen de causas predisponentes generales y constitucionales debilitantes, tales como alimentos de mala calidad, temperamentos linfático y nervioso, constitución pobre, etc. De aquí que la amenofánia, (ausencia de la primera evolución catamenial) y la amenorrea (supresión del flujo ya establecido) no sean del todo raras.
La dismenorrea nerviosa, vulgarmente dolor de hijada, es muy frecuente.
La menorragia, ó sea la exajeración del flujo menstrual, se observa también á menudo.
Como todo lo que es capaz de debilitar el organismo es causa de la clorosis, no es de extrañar que una afección caracterizada por el aumento de la parte serosa de la sangre y la disminución de los elementos cruóricos y fibrinosos, sea común entre personas del grupo á que nos referimos.
Entre las lesiones de la inervación, el histerismo nos merece atención especial. Causas bastantes abonan la frecuencia con que se observa esta enfermedad entre las campesinas: las condiciones climatológicas, el temperamento, el tipo moreno dominante, la debilidad constitucional, etc. Los médicos tienen ocasión de comprobar á cada paso que la histeria—mal de corazón, mal de pelea—es un padecimiento corriente.
Debemos señalar, á título de enfermedades comunes, las vaginitis, la procidencia y otras dislocaciones uterinas; no lo son ménos las metritis en sus distintas manifestaciones, las ulceraciones del cuello, los tumores y el mismo cáncer.