Llama particularmente la atención de los cirujanos que ejercen en Puerto Rico, la facilidad con que se cicatrizan las heridas de todas clases. Casi ningún campesino ocurre al médico cuando sufre una herida, y aun tratándola del modo peor posible se cicatriza aquella rápidamente. Más frecuentes son las hemorragias tenaces de pequeños vasos que no deberían dar un chorro tan abundante, á tener el herido una sangre más rica en elementos plásticos. Las operaciones se practican con un éxito asombroso en este país, sin que la fiebre ni el delirio traumáticos intensos, ni las supuraciones, ni la absorción purulenta, las compliquen casi nunca.
Entre las enfermedades quirúrgicas, suelen encontrarse con frecuencia casos de úlceras de las piernas, rebeldes á todo tratamiento.
Entre los tumores que más comunmente padecen nuestros campesinos citaremos los fibromas, lipmass, el sarcoma á veces, frecuentemente los quistes, adenomas y cáncer.
He aquí trazada á vuela pluma la patología del campesino puertorriqueño; las enfermedades á que están sujetos esos infelices que viven diseminados por los campos de la isla, en la ignorancia, sin que puedan contar, cuando se enferman, con otra cosa que con la visita del médico, visita que resulta estéril á veces, porque si el pobre campesino consigue los medicamentos prescritos nunca es con la debida oportunidad, y se dan casos de no conseguirlos. En ocasiones hasta el médico les falta, porque, aún queriendo cumplir los dignos profesores titulares que casi todas las poblaciones tienen, no pueden hacerlo; carecen del tiempo material para acudir á barrios extremos, á donde se tarda dos ó tres horas en llegar, corriendo pésimos caminos y atravesando peligrosos rios. No es de extrañar que entre una clase sometida á estas circunstancias prosperen tanto los curiosos, curanderos y yerbateros de toda clase.
BREVES CONSIDERACIONES ACERCA DE LA PATOLOGÍA COMPARADA DEL CAMPESINO.
Desde luego se advierte en la reseña que acabamos de hacer, que un considerable número de las enfermedades en ella citadas no excluye á ninguna clase social, mientras que otras, ménos numerosas, se encuentran más frecuentemente en indivíduos del grupo humano que estudiamos. Algunas hemos visto que son enfermedades propias de éste y de análogos climas, y otras que son comunes á diversas regiones geográficas. Por último, esas dolencias no afectan de igual modo á indivíduos de diversas razas.
Este asunto, como se vé, es interesantísimo: la consideración de la patología humana desde el punto de vista del clima y en cuanto se relaciona con las razas, dá lugar á deducciones de importancia suma; como que el porvenir de toda colonia depende tanto de las circunstancias climatológicas, como de las aptitudes de la raza fundadora para resistir á las morbosas influencias del nuevo suelo. Para Puerto Rico mismo, colonia ya estable, y aún para los campesinos, circunscribiéndonos á nuestro problema, no deja de tener interés la materia de que vamos á ocuparnos.
El paludismo, que hemos dicho se ceba en la población rural, si bien no perdona al negro ni al mestizo, hace mayores estragos entre los blancos; no solamente las formas simples de las intermitentes palúdicas, sino también las perniciosas, formas gravísimas del envenenamiento palustre, son más comunes entre estos que entre aquellos. Por rareza se encuentran negros, de raza pura, caquéticos á consecuencia de la malaria. Ya en los mestizos se observan más casos de caquéxia, aunque nunca tantos como entre los jíbaros de orígen caucásico. Y no es que el organismo del hombre de color no resista tanto como el del blanco y sucumba con los grados de intoxicación malárica que éste soporta; nosotros, al ménos, creemos lo contrario: el negro resiste más al envenenamiento, por condiciones orgánicas que le dan esta ventaja; condiciones orgánicas acaso no muy precisadas, pero que probablemente consistirán en una fuerza eliminadora grande que se opone á que su organismo llegue á la dósis de infección necesaria, ó en que los gérmenes del paludismo encuentren un terreno pobre, ya que no estéril por completo, para desarrollarse tan á sus anchas.
Por lo que respecta al paludismo, puede asegurarse que la raza blanca tiene mejores disposiciones que la raza negra para contraerlo, y está en condiciones más desfavorables para exponerse á sus influencias.