La escrofulósis, que obedece á causas debilitantes, claro está que ha de ser frecuente en organismos débiles. La pobreza constitucional del jíbaro blanco, castigado por el paludismo y por la anémia, le predisponen al escrofulismo. Por razones fáciles de apreciar y que deben buscarse en las circunstancias á que en no pocos casos deben la existencia gran número de mestizos, se encuentran entre éstos muchos escrofulosos.

Las enfermedades del aparato digestivo, sin que dejen de padecerse por la raza de color, nos han parecido más rebeldes en la raza blanca.

La tuberculosis se halla muy generalizada tanto entre los blancos y los mestizos como entre los negros; pero en los primeros, que tienen mayor capacidad respiratoria que los últimos, un torax más desarrollado, se nota mayor resistencia á los progresos de la enfermedad; en general todas las enfermedades del aparato respiratorio son de marcha insidiosa y grave en el hombre de color.

Lo mismo debe decirse acerca de las enfermedades febriles: la tifoidea, las biliosas, ofrecen mayor gravedad en el negro porque su resistencia individual es menor, desfallece ántes que el blanco. En la misma fiebre amarilla, que sólo por excepción padece el negro, reacciona torpemente, y con dificultad.

En cuanto al tétanos, créese por la generalidad de los observadores que hace mayor estrago en los niños recién nacidos de la raza de color que entre los de la raza blanca. El tétanos, dicho espontáneo, a frigore, si aceptamos como causa inmediata del padecimiento una impresión brusca de aire frio en un cuerpo sudado, compréndese que sea más común en el negro.

Aunque la elefantasis de los árabes no es padecimiento exclusivo de la raza negra, sin duda alguna es más frecuente entre los indivíduos pertenecientes á ella.

De lo poquísimo que en materia tan vasta hemos podido decir, algunas deducciones pueden hacerse. Aparte de las ya hechas en el estudio del paludismo y la anémia, podemos sacar otras consecuencias relativas al trabajo del jíbaro, de lo cual nos ocuparemos en su oportunidad.

Para reconocer la importancia de este estudio sobran razones; pero veamos cómo aún en un terreno tan limitado como lo es el de la Isla de Puerto Rico, el instinto humano se acomoda á la ley de la patología y del clima.

El jíbaro blanco apénas viene, á ménos que esté muy necesitado, á las poblaciones de las costas á buscar trabajo; en cambio el negro abandona el interior y se aglomera en las poblaciones de las costas. ¿Obedece esto á un capricho? No ciertamente; es que en la costa la fiebre amarilla aflige al jíbaro blanco y respeta al negro; y es, además, que el negro es muy sensible al frio y huye del fresco del interior, mientras que el blanco le teme al calor del litoral.

Ya dijimos que en las regiones del Norte de los Estados Unidos de América no prospera el negro. En Europa se ha observado lo mismo; dice el Dr. Baudin que en 1817 fué de guarnición á Gibraltar un batallón de negros, el cual, durante los 22 meses que estuvo allí, perdió un 6.20% de su contingente, mientras los soldados blancos sólo perdieron un 2.14%. Cuando las enfermedades del aparato respiratorio figuran en las estadísticas de morbosidad de los batallones de blancos como 0.53%, en los negros llegaron á un 4.30%. Este hecho es de gran valor, porque se refiere á un clima como el de Gibraltar, suave, puede servirnos sin que resulte inaplicable á Puerto Rico para darnos la explicación del aflujo de negros á la costa. En cuanto la libertad les permitió establecerse á su gusto abandonaron las alturas, huyendo instintivamente de las temperaturas frescas de la isla, en donde los blancos se sienten mejor, y buscaron el calor que es necesario al organismo del hombre de color.