En este mismo órden de ideas mucho podría decirse, pero no es la ocasión de tratar tan ámplia materia; procuraremos, no obstante, al ocuparnos de la manera de remediar las malas condiciones físicas del campesino, y dentro de los límites en que nos ha sido dado abarcar este tema, hacer aplicaciones al estudio local que venimos haciendo.
CAUSAS QUE DETERMINAN LAS CONDICIONES FÍSICAS DEL CAMPESINO.
Á tres orígenes podemos referir las causas á que obedece el modo de ser físico del campesino puertorriqueño. Son ellos la herencia, las circunstancias climatológicas y las condiciones higiénicas en que ha vivido y vive todavía el jíbaro.
Por lo que hace relación á la herencia, impórtanos recordar algunas de las circunstancias en que se realizó el descubrimiento de América, empresa, juzgada fabulosa, y para la cual necesitó emplear el audaz marino que la llevó á término feliz toda su constancia. Sin su perseverancia habría desistido ante los desaires con que por todas partes le recibían; aún en la misma España, destinada á dar vida nueva á un mundo, á no ser por la influencia de amigos entusiastas, habrían despedido definitivamente á Cristóbal Colón, como lo habían hecho ya de otras cortes.
Pero el "loco" se obstinaba en revelar un mundo desconocido; y mendigando, iba ofreciendo de puerta en puerta la ignota tierra americana llena de maravillas. Á pesar de la Asamblea de Salamanca, Colón debía triunfar; los destinos providenciales indefectiblemente se cumplen en la hora precisa y se ejecutan por el destinado á realizarlos. Los Reyes Católicos, que acababan de engrandecer á España con la conquista de Granada, concluyeron por aceptar los planes del ilustre genovés y se aventuraron á ayudarle en la gigante obra. El hallarse á la sazón la corte en Granada, estar la villa de Palos obligada á facilitar á Sus Altezas dos carabelas por seis meses para lo que se les mandase, y el ser "buenos y cursados hombres de mar" los habitantes del célebre puerto citado, fueron circunstancias favorables para la realización del gran acontecimiento.
Las condiciones excepcionales de los españoles para todo género de aventuras guerreras, estaban ya probadas en aquella época de la historia en que España ocupaba un lugar distinguido como nación; roto el último eslabón de la cadena árabe, la independencia, con ser suceso gloriosísimo, no era sino el comienzo de próximas grandezas que había de alcanzar en reinados posteriores. Pero aparte de esto, por circunstancias geográficas del suelo español, eran sus hijos los que estaban mejor dispuestos para soportar la acción del clima tórrido á que debía arribar Colón; y de España, precisamente Andalucía, la región más meridional, de donde convenía que el descubridor sacase los primeros compañeros de fatiga en aquellos gloriosos dias. Seguramente si los primeros europeos que pisaron el suelo americano no hubiesen tenido la ductilidad orgánica que convenía para vivir en las nuevas tierras descubiertas, se habría retardado la conquista de América.
Andaluces eran en su mayor parte los compañeros de Colón, y cuando más tarde se verificó por Ponce de León la conquista de Puerto Rico, la corriente de inmigración andaluza fué la más nutrida de las que llegaban á la Isla. Por las condiciones de esta, relativamente pobres, y á causa de las riquezas que las otras regiones americanas brindaban, podemos suponer que en Puerto Rico sólo permanecían aquellos inmigrantes obligados por los cargos oficiales que desempeñaban, y los que estaban dotados de un carácter sosegado y preferían á las aventuras guerreras del Continente, la vida en esta isla, fácilmente dominada, en donde la raza indígena había casi desaparecido y mermaba á ojos vistas, y en donde, por consiguiente, salvo las rivalidades entre los dominadores, se gozaba de tranquilidad.
Ahora bien; tales condiciones de carácter suelen, por lo común, ir unidas á un convencimiento íntimo de gran superioridad, ó, por el contrario, á cierta debilidad orgánica. En una época de guerreros como aquella, en la que además existía el incentivo de riquezas nunca soñadas, para los exploradores atrevidos, no hemos de suponer que la gente cuyo temperamento fuese inclinado á la lucha, se quedase en Puerto Rico, haciendo una vida poltrona; las personas, sinó débiles, por lo ménos no tan bien dotadas por la naturaleza como las otras, que encontraban aquí ciertas facilidades en la lucha por la existencia, eran las que aquí permanecían voluntariamente; y que estas facilidades se hallaban, lo confirma D. Alejandro O'Reylly cuando informa acerca de la gente que pobló á Puerto Rico: "Soldados sobradamente acostumbrados á las armas para reducirse al trabajo del campo, Polizones, Grumetes y Marineros desertores, gente por sí muy desidiosa, inaplicada, perezosa"—(y por lo tanto cuya organización física no sería de las más vigorosas, porque el vigor físico y la pereza son incompatibles), "que se mantenía de leche, verduras, frutos y alguna carne conseguidos con muy poco esfuerzo."
Pero aún descartando estas razones, tendríamos bastante para sospechar el influjo de la herencia en la debilidad actual del campesino, con la sola consideración del orígen andaluz de sus progenitores; porque es innegable que los climas cálidos no producen organizaciones tan robustas como los climas templados; y el clima de la Bética, de cuyas excelencias se ocuparon los escritores griegos y romanos, al fin tiene prolongados estíos durante los cuales reina excesivo calor que debilita el organismo. Así, pues, la herencia juega un papel atendible en los caractéres físicos del jíbaro.