Para terminar, diremos que es indispensable procurar por todos los medios hábiles, que le sean agradables al labrador las ocupaciones agrícolas, no sólo protegiendo y premiando el trabajo libre del bracero, sino fomentando el desarrollo de las pequeñas propiedades; el hombre de campo ama la tierra como un enamorado, quiere poseerla á pesar de todas las contrariedades, los trabajos campestres en que el humilde labrador funda su esperanza le absorben, y cuanto mayor fuere el número de estos pequeños propietarios, más estímulo habría para el trabajo; pero sería preciso que los braceros viesen que sus compañeros de fatigas elevados al rango de propietarios no se arruinaban por causa de los excesivos impuestos.

Precisamente el número de estos labradores, pequeños propietarios, disminuye cada dia, no sólo porque al jíbaro casi le conviene más alquilarse, sino porque se ha favorecido el desarrollo de las extensas posesiones agrícolas hasta en el reparto de los terrenos baldíos, en el que resultan beneficiados los acaparadores de mucha extensión de tierra, reproduciendo, hasta cierto punto, algo de lo que ocurrió cuando las ya extinguidas manos muertas; esto es, que la tierra no pudo ser explotada tan fácilmente como lo es cuando se encuentra más repartida la propiedad agrícola.

Tal es, en pocas palabras, el conjunto de medios que nos parecen más acertados para mejorar moralmente al campesino; no es labor fácil ni de un dia el reformar todo lo que debe reformarse con objeto de conseguir la transformación de las costumbres de un pueblo; pero hay que acometer la obra cuyo término nos ofrece la más hermosa y saludable consecuencia, cual es el progreso de esta tierra á la que nos debemos.

Todos los que aspiramos al bien de los demás, que es el nuestro propio, debemos en la esfera en que estamos colocados aportar á esta obra de engrandecimiento del país en que nacimos nuestro óbolo, y cuando hayamos cumplido nuestra tarea, encomendarla á nuestros hijos y trasmitir esta aspiración á nuestros sucesores, convencidos, como debemos estarlo, de que ni los derechos políticos más extensos, ni nada podrá resucitar á un pueblo, darle virilidad, si está corrompido, y que hasta la misma libertad peligra cuando se olvida la práctica de las virtudes, que dan á los pueblos elevación y carácter moral.


RESUMEN.

Sintetizando lo dicho, entendemos que el campesino puertorriqueño adolece—en el órden físico—de faltas dependientes de su género especial de vida, tanto ó más que del clima de este país.

Que dicho género de vida puede y debe cambiarse por otro que tienda á mejorar aquellas condiciones, siendo el más importante de los medios para conseguirlo, la higiene; su enseñanza en las escuelas de instrucción primaria. Además, es preciso, por medios indirectos, mejorar la alimentación del campesino, oponerse á todo aquello que haga subir el precio de los alimentos de primera necesidad, suprimiendo los derechos de consumo, castigando el expendio de sustancias alimenticias de mala calidad y matando los privilegios.

Dirigir la educación física por medio del gimnasio en la escuela, organizando juegos gimnásticos adecuados á la época y hasta utilizando el sistema de premios al mejor desarrollo físico de los niños, etc.