No sé yo si ha habido en el mundo Nación más fácil en dejar a Dios y su ley cuando ella podía salvarlos, que la de los Judíos; ni al contrario más pertinaz en seguirla después acá que solo puede perderles. Léase el libro del Exodo de los Números, de los jueces y el Psalmo 77. 106. 107. de David y los libros de los Reyes y Paralipomenon: y veráse cuan presto y cuan repetidas veces apostataron de Dios y su ley, de que salió aquella vehemente queja, que de parte de Dios extrelló entre ceja y ceja a todo Israel el Profeta Jeremías, cuando con infinita energía les dijo: llegaos a las Islas de Cetín y a los pueblos de Cedár, reconoced, quiso decir, el Gentilísimo todo, ved y miradlo bien, si ha sucedido entre ellos jamás cosa tal? Si ha habido gente tan bárbara que haya mudado a sus Dioses, siendo así que no eran Dioses habiendo mi pueblo mudado la Gloria de su Dios verdadero, por un ídolo falso? Bien podeis pasmaros Cielos de tal maldad. Transite ad insulas Cethrim, & videte: & in Cedar mittite, & considerate vehementer, & videte si factum est hujusmodi; si mutavit gens Deos suos, & certé ipsi non sunt Dij. Populus veró meus mutavit gloriam suam in idolum. Obstupescite caeli super hoc. Jerm. 1. 2. Y ahora al contrario aunque vino el mismo Hijo de Dios en persona y los convenció infinitas veces con razones, con milagros y con virtudes, de que él era el que habían de esperar: y aunque han visto cumplidas ya, por la mayor parte, sus Profecías, predicada su ley, favorecida de Dios con estupendos milagros, acreditada con la sangre de innumerables Mártires, autorizada con la doctrina de los mayores ingenios que se han conocido: y prevaleciente siempre contra todo el poder y mañas del mundo y del Infierno, sin embargo toda la obstinación del Infierno es, o para que no admitan, o para que dejen la adoración del Hijo de Dios y su ley, que solo puede justificar sus almas. Mientras habían de esperar al Mesías, cada día desesperaban, y cuando ya, por llegado, no le han de esperar, sino creer; todo se les va en esperar. Antes idólatras cada día, ahora apenas se lee, que haya habido quien idolatre. Pues no es el mismo Infierno el que les busca? Sí, pero en la misma tentación les dice: que como antes los ganaba con sacarles de su ley; así ahora los asegura con tenerles firmes en ella; porque ahora los condena el tenerla, no menos, que entonces el dejarla. Pero no pudo errar el que dijo, que ellos siempre tienen en su corazón el error. Et dixit hi errant corde. Psalm. 94. 10. Y esta pertinacia obstinada en su ruína se ha hecho tan palpable por la serie de más de diez y seis siglos, como se puede ver en las historias: y acercándonos más a nuestro intento, veamos lo que ha pasado en los nuestros.

El Ilustrísimo Obispo de Menorca Severo en la Epístola citada asegura que después de muchas y estupendas maravillas que obró el Señor por la intercesión del Ilustre Proto Mártir San Esteban, cuyas reliquias había dejado el gran Orosio de vuelta de Jerusalén, para España, se había hecho la mayor de abrir los ojos a la voluntaria ceguedad de quinientas cuarenta almas en aquella Isla, con tanto fervor y desengaño de su caduca ley que ellos mismos arrancaban los cimientos de su sinagoga, y contribuyendo en la fábrica de una nueva Iglesia con sus expensas; en sus propios hombros llevaban gozosos las piedras para el sagrado edificio. Este ejemplo resonó tanto en la Iglesia toda, que notó Baronio, fue gran parte para que el Emperador Honorio y a su ejemplo los otros Príncipes se aplicaran con toda actividad a reducir los Judíos que tenían en sus provincias. Y no es fácil de creer que los de Mallorca al ejemplo de sus vecinos y quizás descendientes y a la luz de tantos prodigios no se convirtieran también, de manera que en los años de 423 podemos creer quedarían muy pocos o ninguno, pertinaces en esta Isla. Mas si esto es así como parece, ¿de dónde salieron los que en el año 1230 tenían su sinagoga junto al portal que llaman del Campo, cuando avanzando por aquella parte los soldados del Serenísimo Rey Don Jaime en su conquista, bajo la conducta del Maestre de Calatrava, la entraron apellidando Válganos la Santa Fe Católica. De dónde salieron los que con su perfidia obligaron al Rey Don Sancho a quitarles la sinagoga mayor y convertirla en Iglesia de Santa Fe que es la que hoy así se llama, dotándola de un beneficio de Patrimonio Real? De dónde salieron los que el año 1344, recibieron a dos pérfidos alemanes, que de cristianos se hicieron Judíos entre ellos a costa de ciento cincuenta mil florines, en que los penitenció el señor Obispo entonces Vilanova, como refiere Mut Lib. 7. Cap. 15. Y de dónde salieron los que el año 1391, fueron saqueados del vulgo mallorquín, sin que pudiera la Ciudad ni la nobleza armada reprimirles como largamente lo cuenta Mut Lib. 7. Cap. 3. De dónde, pregunto, salieron todos éstos, sino de su propia perfidia? Descendientes eran de aquellos que por los años 423 del Nacimiento de Cristo se habían convertido, pero también degenerado de su fe. Y sin duda que al ver la suya en tiempo de los moros volvieron a su libertad y mala y fenecida ley, ya secta infame y caduca.

Con más evidencia y claridad se convence la pertinacia de esta gente, con lo que sucedió más reciente. El año 1435, reinando Don Alfonso el Magnánimo y gobernando como Lugarteniente de Gobernador de este Reino suyo, Juan Dez Far y siendo Obispo de esta Ciudad Don Gil Sancho Muñoz, habiendo permitido Dios una de las más execrables atrocidades que pudo inventar la perfidia, quiso dar evidentes muestras de lo que puede y sabe perdonar una paciencia, sin límites infinita. Resumiré brevemente el caso traduciéndolo fielmente de la sustancia de una memoria, que dice el citado Montaner, se halló en el archivo de la Santa Sede Episcopal.

Un miércoles, a veinte y siete del mes de abril del año 1435, fue denunciado al dicho Señor Obispo, que después de haber tenido su consejo algunos Judíos, de renovar al vivo, en cuanto pudiesen la pasión sacrosanta del Hijo de Dios y destinado para ello un moro, esclavo de uno de ellos, lo habían ejecutado, atrevidos, desde el prendimiento hasta ponerlo en una cruz, poco menos que hasta morir. Y recibidas informaciones del caso y habido a manos el moro paciente (que se pudo tener por el más dichoso de los hombres, si supo quererlo ser) y dos Judíos que se acusaron por cómplices, se procedió en las deposiciones hasta que después de muchos requerimientos y alteraciones, hubo de cederlos y se entregó de ellos la curia del Gobernador, quien apresando a los Judíos para declarar los otros cómplices, halló ser muchos y entre ellos diez y seis que por cierto tumulto estaban ya en la cárcel. Y en fin concluída la causa se les dió sentencia de ser quemados vivos a cuatro los más culpados en el crímen, más porque no se faltase a la piedad cristiana, se templó la sentencia para que en caso de que se hicieran cristianos, muriesen ahorcados y quemados sus cuerpos después. Ya el jueves a diez y seis de mayo, intimada la sentencia, se disponía la ejecución. Pero persuadidos los cuatro, el Rabino Estruch, Sibili, Farrig y Estallada, con las eficaces exhortaciones de cuatro doctores y fervorosos teólogos y, a lo que se puede creer alumbrados de la luz del cielo, abjuraron de su locura y se redujeron a la Fe del que poco antes tanto habían querido perseguir y ultrajar. Fueron bautizados los cuatro y tomando los nombres de sus padrinos, el Sibili se llamó Gil Callar y el Farrig Gil Muñoz y los otros en esta conformidad.

Añaden dichas memorias, que por ser los cuatro sobre dichos los más principales, y sabios de su ley, pudo su ejemplo mover a todos los demás a su imitación, y así a la nueva de este suceso, conversión y bautismo fue admirable la general conmoción de toda la sinagoga, queriendo Dios acreditar en ellos la gloria de sus misericordias infinitas y de la omnipotente eficacia de su gracia, haciendo de aquellas piedras duras, hijos verdaderos de Abraham en el espíritu. Salieron todos de sus casas hombres y mujeres, mancebos y viejos, niños y niñas y en ordenada procesión se condujeron a la Iglesia mayor, clamando con muestras de arrepentimiento, misericordia y bautismo, de manera, que así en la Seo como en la Parroquia de Santa Eulalia se bautizaron aquel propio día pasadas de doscientas personas, preciándose la mayor nobleza de la Ciudad de ser en aquel Santo Sacramento sus Padrinos y honrar con sus nombres y renombres a sus ahijados. Continuóse por algunos días con singularísimas demostraciones de gozo en toda la Ciudad la función sagrada de bautizar a todos, sin quedar, ni de los que estaban en la cárcel, ni de los que se habían hecho al monte fugitivos, ni de los que por otros accidentes se hallaban ausentes de la Ciudad, Judío alguno, que no se bautizara: de manera que quemados los Talmudes y otros libros y alhajas de la sinagoga, concluyen dichas memorias con afirmar, que ahora ya ni hay judería, ni Judíos, pues todos se han hecho Cristianos; por donde dice el Ilustrísimo Obispo: Podemos decir con ellos, lo que aquel Santo Varón Simeon dijo teniendo en sus manos al Redentor de la vida, prometido en la ley y anunciado por los Profetas, que había de venir, para la salud del mundo: hoy enviais Señor en paz a vuestro siervo; pues han visto mis ojos vuestra salud, y la lumbre, y la Gloria de vuestro pueblo Cristiano.

Esto es lo substancial de la relación sobredicha, que trae más dilatadamente el Sargento mayor Don Vicente Mut, libro 7 capítulo 15, en que parece se le puede dar la enhorabuena, a Mallorca, de ser, como algunos quieren, la primera de toda España, que vió la conversión general y en comunidad de sus Judíos, y de quedar limpia de tan pestilente contagio. Mas para que se vea lo poco que hay que fiar en la Fe, y conversión de estos hombres es dignísimo de reparo, que constando por las Historias, que el año 1435 no quedó en esta Ciudad y Reino, Judío alguno en su perfidia obstinada: sin embargo por las mismas historias, y por lo que dice el Doctísimo Albertino cuyas palabras traeremos largo, ya el año 1488 y 1490 se hubo de publicar perdón general, y ofrecer tiempo de gracia, y misericordia a los Judíos; aunque, como el mismo atestigua, todo vino a ser sin provecho. Si no quedó ninguno como asegura el Obispo Múñoz, de donde salieron éstos? Cómo tan gran mudanza en tan pocos años? Si es que fue mudanza de estado a estado, y no continuación en la misma perfidia, que solo en lo exterior, y por puras conveniencias se abjuró. Lo mismo observó Paramo lib. 2. Tit. 2. cap. 3 de los muchos que en Sevilla había convertido el Angel del Apocalipsis San Vicente Ferrer en los años atrás; pues de los diez y siete mil, que en tiempo del Rey Don Fernando y Doña Isabel se denunciaron voluntarios, publicado, y concedido el tiempo de gracia eran los más, o hijos, o descendientes de los que había convertido aquel Santo. Y sin salir de nuestra Isla, merecen todo reparo unas palabras, que trae el Ilustrísimo Arnaldo Albertino Canónigo y Deán de esta Iglesia, electo Obispo Pacense e Inquisidor Apostólico en el Reino de Valencia en el tomo, que escribió sobre el capítulo primero de Hæreticis lib. 6. cuestione 12. número 4. agens de tempore gratiæ, seu misericordiæ: Et hœc evenerunt in hac nostra Civitate Regni Maioricarum anno Domini 1488 tempas misericordiœ anno Domini 1490 quo tempore ego eram œtatis decem annorum. Et nihilominus parum prosuerunt gratia, & misericordia; quia ab illis temporibus usque ad hœc nostra tempora anni 1534 nunc currentis, nunquam cessavit Inquisitio contra illos, plures quœ fuerunt traditi curiœ seculari, & quamplurimi ad verecundiam profiti, & carceribus perpetuis mancipati, bonis illorum confiscatis: & nunquam se emendare voluerunt. Et bene prophetavit de eis Jeremías capite 8. non audierunt me, nec inclinaverunt aurem, suam, sed induraverunt cervicem, & pejus operati sunt quam patres eorum. De manera, que aunque se les ofreció en general el tiempo de gracia y misericordia, ni la misericordia les valió, ni la gracia, para que se convirtieran de veras y con constancia, pues desde aquellos tiempos en que escribe como testigo de vista, que fueron treinta y cuatro años, dice, nunca pudo cesar la Inquisición sobre su obstinación y perfidia, relajando en varias ocasiones a muchos relapsos o pertinaces al brazo seglar para ser quemados vivos y muchísimos expuestos a la vergüenza, condenados a cárcel perpetua y confiscación de sus bienes, sin quererse enmendar jamás, verificándose en ellos lo de Jeremías. No quisieron oirme, ni atender a mis palabras, antes rebeldes siempre obraron peor que sus Padres. Válese de este texto el Doctísimo Sousa en sus Aforismos libro 4, Cap. 20, número 1. Para probar que ya no puede ser de provecho otro general perdón o tiempo de gracia y lo confirma con la autoridad de Peña, que hablando de los Judíos de Portugal afirma lo mismo, que de los de Mallorca Albertino y es concluyente a mi ver la razón, que trae en el número 8, si es verdadero el supuesto, como parece, que la experiencia lo comprueba, que de los innumerables, que en aquel tiempo de gracia se redujeron para el foro externo, apenas hubo quien sacramentalmente se confesara para alcanzar el perdón de sus almas. Y a la verdad, o aquellos que pedían la gracia se querían reconciliar con la Iglesia y con Cristo, o no? Si querían? Cómo no se confesaban sacramentalmente, como era necesario? Si no querían? Luego solo pedían perdón, para conservar oculto el veneno de su judaismo, para que no fueran descubiertos por cómplices: y en fin para subsistir en su apostasía sin el temor del suplicio. Y en fin en estos últimos de este año, en que se han quemado treinta y cuatro Reos en persona por relapsos penitentes; tres obstinados o impenitentes de vivo en vivo, y diez en estátua, todos fueron convencidos de relapsia, en el judaismo, que en el año 1676 abjuraron y muchos de ellos dijeron, que no obstante su abjuración pública siempre se habían quedado protervos y obstinados en su pérfido error.

Todo esto persuade cuanto hay que sospechar siempre de la fidelidad de este linaje de hombres por lo cual los Serenísimos Reyes Católicos Don Fernando y Doña Isabel después de haber probado todos los medios posibles de benignidad y rigor, siempre vanos si no se llegaba a cortar la raíz de tan mal fecundos daños, se resolvieron el año 1492, doscientos años hará presto, después de muchas consultas de Teólogos y Justicias, a aquel Decreto, tan desinteresado, celoso y católico, en que mandaron que dentro tres meses salieran de España los Judíos todos, so pena de muerte y confiscación de todos sus bienes, como latamente lo trae Paramo de origine Sancti Officii, Libro 2. tit. 2. Cap. 6. A que dió ocasión, dice Paramo en el mismo Cap. número 10. Una y otra atrocidad de los Judíos de la Guardia. La primera fue cuando con bárbara rabia trataron inícua y blasfemamente una sacrosanta Hostia consagrada, que siempre milagrosamente se conservó ilesa, a pesar de su rabia y su furor; la otra cuando en odio de Nuestro Redentor JESUCRISTO crucificaron a un inocente, ejecutando en la imagen viva lo que en el representado no podían sino en la complacencia obstinada de lo que sus mayores hicieron. Una y otra ferocidad enorme ha lamentado Mallorca en sus Judíos. Vele y discurra ahora a quien le toque el remedio eficaz de tanto mal.

REFLEXION 3.

INDEMNIDAD DE ESTE CONTAGIO
en la limpieza Mallorquina.

Donde brilla todo el sol, es necia o estóica superfluidad sacar la luz de una vela y querer probar lo que se ve, como el resplandor del día, es bisoñería afectada y así lo reconozco fuera en mí si intentara probar este asunto para los que de cerca lo vemos y sabemos. Mas como la distancia, aun en la Luna y el Sol que son luceros tan bellos y tan puros, sino pone en la verdad, equívoca a lo menos, no sé que raridades por manchas, no parecerá de ser del todo ocioso el hacer demostración para todos que esta polilla vil del judaismo no destruye sino el paño que la crió; que este fuego no echa ni una llama ni un ardor, ni un leve humo fuera de su selva para abrasar, ni aun tiznar otra hierba alguna, ni este contagio pestilente saca ni sacó jamás el pie fuera de su barrio o su calle, porque como es maldición que sobre sí, sus ascendientes se echaron ellos mismos: Sanguis ejus super nos, & super filios nostros. Mtt. 27. 25. Si se hereda por desgracia, ni con la sociedad se transfunde ni con la vecindad se pega.