Y qué pierde de su nativa generosidad el León Rey porque se llame León el Leopardo manchado? O qué se deslustró Judas Tadeo en que se llamara también Judas, el Iscariote? Pues qué se les puede pegar a los nobilísimos renombres de Zafortezas, Suredas, Pomares, Fusteres... y otros, de que gozándose puros en el cielo de su limpieza, como unos Soles, se permitan retratar en un charco? Vanidad pudo ser de los Romanos, no querer condecorar con su nombre a los vencidos hebreos, mas la piedad de la Nobleza Mallorquina no hizo punto de estas ceremonias altivas, antes apreció más lo piadoso que la vanidad de esta gloria. Y a la verdad, a quien veían que admitía por hijos suyos el mismo Dios en el bautismo, cómo podían desdeñarse de participar su apellido? Si los ahijaban Padrinos, cómo no habían de participarles su nombre? Del Apóstol de las gentes dicen muchos, que de Paulo Sergio, convertido y bautizado, tomó el nombre de Paulo. Pues porqué a un Judío convertido y limpiado con el agua del bautismo, no podía darle su apellido un cristiano noble su Padrino? Verdad es que el grande Alejandro, a un Soldado que se llamaba como él le mandó, o que dejara su nombre glorioso o que no le profanara cobarde. Mas este es pleito de nombres; la sustancia, es que como no todos los Franciscos somos Javieres, así ni todos los de un noble nombre son nobles y bajo el mismo nombre de hijos de Abrabram va tanto entre unos y otros cuanto entre los luceros del firmamento y el polvo vil de la tierra: Multiplicabo semen tuum, sicut Stellas cœli, & sicut arenam, quœ est in littore maris. Gen. 22. 17. Sin que la participación del propio nombre en el polvo pueda con su vileza ofuscarle la gloria en los luceros. Antes, si bien se mira, el mismo tener aquellos antiguos apellidos estos cristianos nuevos es glorioso blasón del propio nombre; pues estar en tales sujetos, es decir que ha más de doscientos cincuenta años, era ya de tal calidad su nobleza, que les sobraban créditos a sus dueños, para dorar toda la infamia del judaismo, que las aguas del bautismo limpiaban y sin que se pudiera recelar que de la equivocación del renombre se pudiera pegar algo a su antiquísima nobleza. Y eso se atendió sin duda en aquella general conversión de los Judíos del año 1435 en dar a los dos primeros bautizados el nombre de Gil Callar y el de Gil Múñoz, que se ponen por ejemplos, advirtiendo que así lo hizo con el resto de los otros, la más calificada Nobleza. Porque sabían bien el Ilustrísimo Señor Obispo Don Gil Múñoz, los Callares, los Fortezas, Galianas y los otros, que tan acreditados renombres, nada aventuraban su gloria por la indignidad de sus ahijados.
Serán doscientas familias hoy las de que consta este gremio y habrá pocas, que no sean parientes entre sí por consanguineas o afines; sin que se vea en toda la Ciudad un casamiento de la calle, fuera de la calle. Así me lo ha asegurado su Párroco de Santa Eulalia el Doctor Raimundo Llinás Excatedrático de Teología en esta Universidad, Examinador Sinodal y Calificador del Santo Oficio, después de haberme hecho merced de mirar los libros de Matrimonios, de veinte años a esta parte: añadiendo, que el mayor número de dichos casamientos, se han habido de hacer con dispensación. Allí pues se tienen sus bodas, donde corre la paridad de su mancha, para que no pueda quejarse el uno del otro, pues la tienen los dos por cuatro cuartos. Y es tan innata la aversión a esta gente en los Cristianos antiguos Mallorquines, aún de la plebe, que se han visto doncellas, que apesar de su horfandad y pobreza, han querido más pordiosear pobres y huérfanas, que escuchar partidos de muchas comodidades, que les ofrecían. Blasón glorioso, que me gozo poder decir por boca extranjera y así desapasionada de un grave Autor, que le heredaron los Mallorquines con la sangre Catalana de sus ascendientes, de quien lo celebra Diego Velázquez super flatutum Toletanum fol. 78, por estas palabras: Qua in re singulari laude digni sunt Catalani; qui praecligunt paupertate premi, quám antiquissima nobilitatem suam pecunionis coniugijs obscurare. Véase Torrejoncillo en su Centinela contra Judíos Cap. 4, pág. 48 y así se puede reparar en las listas de los penitentes arriba nombrados, que el renombre de los unos, es el que otros tienen por nombre. San Agustín sobre el Psalm 58, concione. I, hablando de la señal, que puso Dios en Caín, que decía a todos quien era, añade: Hoc est signum quod habent Judaei, que esta es la seña, que heredaron los Judíos de sus mayores, que llevan sobreescrito en la cara su oprobio, (aunque Hugo Cardenal y San Vicente Ferrer traen de otros), otro más oculto y abominable oprobio, del cual dicen les sale aquel exangüe color y amarillez de su cara. Véase Lorino in Psalm 77. v. 66. Marcelino en su Historia y Carrafa de antiquit. desde el fol. 307. Y todo se funda bien, en el texto del Deuteronomio Cap. 28. v. 46. Et erunt in te signa, atque prodigia, & in semine tuo usque in sempiternum. Veránse en tí señales y prodigios de abominación y heredaránlos sus hijos, para siempre. Y es lo cierto, que en Mallorca aún los niños les conocen por la pinta, como dicen, del aspecto. Que todo indica la nativa oposición que les tienen. Es esta en tanto grado, que llamándoles antes con nombre de Judíos y quejándose ellos de la ignominia, se prohibió el llamarles así; mas luego les sacaron el nombre poco menos afrentoso de chuietas, con que les improperan por ironía, que no comen tocino.
De esta misma oposición natural salió el Decreto de la Pragmática Real y Privilegio, que entre otros otorgó y estableció el Serenísimo Rey Don Jaime de Aragón, fecha en Valencia en 12 de Agosto de 1274 en que dispone que si aconteciere haber de ser presos algún Cristiano y algún Judío, no lo pueden estar en una casa, sino en diferentes. Pues si ni presos pueden estar juntos, como es verosímil que libres se busquen para la cohabitación y parentesco? Así mismo a ninguno de dicha calle es permitido, sinó prohibido por expresa ley, el entrar o concurrir en la administración de algún oficio público de la Universidad, ni alistarse en Cofradías de estamentos u oficios y así casi todos son negociantes.
Y está este punto en tan vigorosa observancia que de veinte años a esta parte, por hallarse algunos de ellos con gruesísimas haciendas y mucho poder, intentaron, con la más eficaz negociación ser habilitados para algunos oficios de la República y aunque les favorecía la mano superior, no pudieron jamás salir con ello.
Lo propio se halla cautelado en los Colegios o Cofradías de estamentos u oficios, con Decretos expresos en los Capítulos de su gobierno, confirmados con la autoridad del Ilustrísimo Señor Virrey. Y puedo asegurar como testigo de vista que he tenido en mi poder la fe auténtica y legalizada de varios de ellos, en particular de los Cirujanos, Sucreros, Cereros, Especieros y de los Torcedores de seda, desde el año 1549, 1581, 1585 y generalmente ya el año 1285, entre otros Capítulos del Privilegio del Rey Don Alfonso, su fecha de cinco de enero, se halla éste: También os otorgamos, que Judíos, ni alguno de otra ley, no haya, ni tenga, por nos oficio de Señor en la Ciudad e Isla de Mallorca. Así está registrado en el Libro dicho de San Pedro que se guarda en el Archivo inferior de la Universidad.
Y fue muy notable lo que se reparó comunmente, que ni en la ejecución de las sentencias, ni en el camino, siendo tan natural la compasión en quien mira padecer, de quien no se halla ofendido y más en mujeres y con mujeres y de pocos años, no se escuchó una voz de lástima, como sucede a cada paso cuando se lleva a la horca un malhechor. Testimonio manifiesto, no solo del entrañado celo, que se aviva en los corazones mallorquines para con la fe católica, sinó también de aquel género de aversión natural que tiene a esta gente.
De todo lo cual con bastante evidencia se convence la
limpieza de la sangre mallorquina tanto más pura cuanto más
al lado de la impureza judaica se acredita, para gloria de sus
linajes, exaltación de su nobleza, abonos de su piedad,
y eternos trofeos de la Fe Católica triunfante,
en adoraciones perpetuas del Soberano
nombre de JESUS, cuya sea la
mayor honra y gloria
para siempre.
Amén.