(2 leguas.) El 16, saliendo de este tren, venimos à parar en distancia de dos leguas en un grande palmar y simbolar: y no pudimos avanzar mas camino por estorbarlo una montaña espesa de mas de legua. Pero repitiendo S. S. el mismo afán que en el pasado desmonte, siguiendo la oficialidad y demas concurrentes, se logró traspasarle en menos de cuatro horas, y hubo tiempo para que pasasen las carretas á dormir al otro lado, quedando de esta banda el resto del tráfago, ganados y mensages, por la comodidad de los pastos y agua. Esta noche se perdieron 9 caballos.
Teniendo noticia nuestro General, que los indios Mataguayos dispersos los habian robado, significólo á los Chunupíes amigos, que por via de convoy venian con la marcha, y al punto se volvieron en pos de los ladrones: cuyas resultas se colocarán en su lugar.
(4 leguas.) El 17, como à las 11 del dia, siguiendo el mismo rumbo y direccion del rio, venimos á parar en una loma, que dista del pasado tren cuatro leguas, y está poco mas adelante del Real de los Tucumanos (así llamado por el levantamiento que estos suscitaron allí el año de 74 en la pasada expedicion). Aquí se juntò en un cuerpo todo el congreso de la presente campaña, y le titulamos la Congregacion de San Alejo, por haber llegado aquí la vispera del santo.
Correspondió la denominacion al denominado, porque á las cinco de la tarde, despues de haber parado, se presentó en nuestro real el Capitan de Sinipés, Dupulem, con mas de 50 indios de su nacion, y un inmenso número de mugeres y párvulos. Mandó S. S. se hospedáran en nuestro real aquella noche, y que se les proveyera de carne y bizcocho: y al siguiente dia, parlamentados acerca de su ratificacion, no hicieron novedad, y antes dijeron, que para pruebas de estar firmes en su proposito, salian trayendo sus chusmas, como por género de política y subordinacion. Pero que suplicaban á S. S. protegiese su reduccion, y les formalizase sus temporalidades. Prometíoles para su consuelo, que si posible fuese vendria con su muger é hijos á vivir con ellos cuando se tratase de su poblacion: con lo que quedaron satisfechos; y mandó se les repartieran gorros y cuchillos á los varones, dando poncho al principal, y á las mugeres rosarios, gualcas y agujas; á todos bizcocho y carne, haciéndoles dejar en pié 6 reses, de que quedaron muy agradecidos y se despidieron con estrechos abrazos.
(3 leguas.) Este mismo dia, que fué el 18, como á las 9 de la mañana, salimos de este tren y venimos á parar en distancia de tres leguas, á las márgenes de una gran laguna, que titulamos del Cayman, porque herido uno de un balazo se ocultó en el agua.
De este tren dista como legua y media la Puerta de Macomita (alias la Encrucijada), así llamada, porque allí se junta este nuestro carril con el de Macomita que descubrió el General finado D. José Arias Rengél, padre de nuestro General, en la entrada que hizo el año de 1759 en el gobierno del Sr. Espinosa Davalos.
Este camino, aunque montuoso y escaso de agua, es tan recto, que por él se ahorran sobre 40 leguas de camino, segun la relacion de los indios, y de los sujetos prácticos que le han traficado. A mas de esto, es camino sin riesgo de enemigos ni esteros; y siendo el único embarazo para que le trafiquen las marchas, el agua y el monte, podrian removerse estos obstáculos, el primero con quemazones y talas, y el segundo cavando fosas y tajamares: y con este alivio en todas las estaciones del año habria paso franco, así para la entradas, como para sufragar socorros á las reducciones que van á crearse en el centro del Gran Chaco.
(2 leguas.) El 19 salimos de la laguna, y vinimos á parar en distancia de dos leguas al pié de la barranca del rio, donde, aunque las crecientes habian robado el antiguo fulcro, habian formado un cómodo potrerillo, en que se aseguraron todas las bestias esta noche.
(2 leguas.) Y porque robado el antiguo carril era preciso peinar la eminente barranca que se objeta, y allanar un retazo de monte que subsigue, el 20 repitió S. S. y oficiales la fatiga de los pasados desmontes, y con igual ardimiento talaron mas de media legua de montaña, y concluyendo temprano, tuvimos tiempo de pasar al otro lado con todo el tráfago, y en distancia de dos leguas venimos á acamparnos en una cañada.
El 21, como á las 7 del dia, nos alcanzaron 8 indios Sinipés con el capitan Dupulem, trayendo los caballos que se robaron los Mataguayos. Agradecíoles S. S. accion tan bizarra, y para estimularlos á continuar en operaciones tan recomendables, les mandó repartir carne, ropa, yerba, tabaco y bizcocho. Con estos indios llegó el Sr. Canónigo, que por haberle tomado la noche con sus carros, en distancia de media legua mas atras, paró allí á dormir: y titulamos à este el Tren de los caballos.