Acompañaban á este caudillo, á mas de las chusmas y guardias de corps, 3 capitanes como cortesanos suyos: el primero Chinchin, mandon de la nacion Malbalá; Dupulem, cacique de los Sinipés, con Guanchil, capitan de los Chunupíes; cuyas naciones confederadas hacen un cuerpo, siendo su principal cabeza el expresado Atecampibáp, caudillo nunca visto ni comunicado de los españoles: y serian por todos en número los aparecidos, como 200 indios de ámbos sexos, quedando los demas en sus habitaciones.
Y como el principal cacique se hallase indispuesto con una cerrazon de pecho que apenas se le apercibia lo que hablaba, convidóle S. S. á nuestro real, para que allí pasase la noche con los suyos, y que con este motivo podria medicinarle el médico de la expedicion. Aceptó gustoso, y se vino á nuestro acampamento, donde à este y los suyos mandó S. S. proveer de carne y bizcocho para aquella noche, y el médico le curó.
El 14 amaneció mejorado de sus dolencias, y por ser dia del Seráfico Dr. San Buenaventura, celebróse el santo sacrificio de la misa, y luego se formó consejo para parlamentar á estas naciones. Hízose conclave de toda la oficialidad, presidiendo S. S. y el Sr. Canónigo. Juntamente por su órden se sentaron todos los mandones, y por medio del faraute, Silvestre Corro, hizo nuestro General se les hiciera preguntar ¿si querían reducirse al catolicismo, y ponerse en reduccion? Y que determinasen el tiempo oportuno y lugar que elegian para su pueblo, para dar cuenta de todo al Superior Gobierno, cuyo subdito era y comisionado para dar reduccion á los Tobas y Mocobíes: y que aunque por sí no podia resolver en el particular, confiado en la piedad del Soberano, y de su Virey de Buenos Aires, les aseguraba que serian atendidos en esta parte.
Respondió el principal, y á su egemplo todos, que deseaban con anhelo reducirse, y que sin novedad se sugetarian á reduccion, con tal que nuestro General corriese con la erreccion de su pueblo, y los arreglase sus temporalidades: á quien desde luego elegian por su Protector por el afecto que le tenian, conociendo que ninguno los habia de mirar con mas amor y caridad; y que al mismo tiempo pedian que el R. P. Lapa los viniera á sacar á su tiempo, con quien saldrian á su disposicion sin recelo alguno. Que en cuanto al tiempo, seria para el año próximo venidero á nuestro regreso, por estar en el dia muy mal de caballos para conducir sus chusmas. Que en cuanto al lugar, elegian desde luego la Cañada del P. Roque (que es un sitio constituido sobre el Rio del Pasage, ó el Algarrobo, alias Ramada), que está sita en medio del Piquete de Pitos, y Real Presidio de San Fernando, y en medio de 6 reducciones establecidas en nuestra jurisdiccion.
El Sr. Arcediano hízoles presente, que venia de superior de todas las reducciones, y que dejando sus comodidades, venia sin otro objeto que reducir almas y procurarles á los conversos todo alivio: que por lo mismo viviesen ciertos de que los habia de proteger en lo posible, dándoles curas doctrineros escogidos, para que con amor y cariño los enseñasen; y que cuando así no lo cumpliesen, con su aviso estaría pronto á mudarles pastor, dándoles un sugeto aparente.
Agradecieron muy deveras este oficio, y suplicaron á S. S. que así lo cumpliese para que pudiesen subsistir en su conversion, estando ciertos que de su parte no se haria novedad en lo tratado.
Y repitiendo la súplica á nuestro General, que les protegiese y acompañase en calidad de protector para su fundacion, le respondió S. S., que con sus bienes y con su persona, coadyuvaría gustoso al intento; estando ciertos de que daria cuenta de todo al Superior Gobierno, y que cuando S. E. confiase de otro sugeto esta comision, no por eso dejaria de cooperar en cuanto le fuese posible y condugese á su alivio: pues sin otro objeto, dejando sus negocios pendientes, y postergando el adelantamiento de sus intereses, venia á fundar las dos reducciones que se refieren. Quedaron gustosos y satisfechos, firmando los capitulos de concordia S. S. y demas oficiales, por ante el Secretario de la expedicion. El Capitan D. Juan Antonio Caro, que hace de protector, lo firmó, haciendo personeria por los indios y el intérprete Silvestre Corro: dióseles á los ladinos sombreros, ponchos, gorros y cuchillos, repartiendo á las mugeres agujas, gualcas y bizcochos. Concluyóse esta funcion con vivas y abrazos, no siendo pequeña nuestra complacencia: batíose la real bandera, y repitiendo todos Viva el Rey, cerróse esta funcion, titulando este el Tren de la Buenaventura, por no ser pequeña la que hemos logrado en la conversion de estas no menos numerosas que belicosas naciones: y todo este dia se paró, por dar lugar al desmonte que se está allanando.
(½ legua.) El 15, como á las 8 del dia, nos despedimos de los indios, y mandó S. S. se les dejaran en pie ocho reses, y una para que entregasen al Coronel Cornejo, que esperamos venga por el rio: á quien por el mismo conducto dejó S. S. carta instructiva, y venimos á parar en distancia de media legua en la ceja de una espesísima montaña.
No pasamos este dia mas adelante por obstar este monte, y haber robado el rio el fulcro del antiguo carril; y S. S., para estimular al trabajo á los partidarios, peones y presidarios, tomó el hacha en la mano y empezó á trabajar con gran calor: siguió al General el Sr. Canónigo, y á este toda la oficialidad, á estos toda la gente, con tanto empeño y ardor, que en menos de tres horas se traspasó con la tala todo el bosque que tenia mas de legua; no siendo los operarios mas que 46 en número, inclusive nuestro General y gente voluntaria: de modo que pudieron pasar los carros á dormir al otro lado, quedando de este la marcha con todo el resto del tren, y titulamos esta jornada el Tren de las fatigas.
(6 leguas.) El 16 salimos de este tren, y á las 3 leguas de camino, atajándonos igual tropiezo de monte, aunque no tan espeso ni tan largo como el pasado. Estimulando S. S. á los subalternos con su egemplo, consiguió en dos horas allanarle, de modo que tuvimos tiempo de pasar con todo el tren, ganados y mensages: y caminando otras tres leguas, anduvimos seis en aquel dia, y venimos á parar en un escampado grande, compuesto de unos eminentes palmares, y titulamos este el Tren del Càrmen, por haber llegado á él la vispera de Nuestra Señora. Esta noche se perdieron del pastoreo 36 reses, que no se pudieron hallar por mas que se buscaron: por lo que se presume las hayan robado los Mataguayos que andan por acá dispersos.