Resolvió nuestro General y el Sr. Arcediano, que caminase el P. á convoyarlos. Propúsosele á este, que con la prontitud que siempre, y con el celo acostumbrado dispuso caminar el dia siguiente con el interprete Corro, los tres indios y dos Sinipés que consigo traia.

Con efecto, el 10 marchó por la mañana, encargado de satisfacer apostólicamente á aquellas naciones, asegurándoles nuestra amistad.

Este dia paró la marcha, por haberse quebrado dos carretas, y ser preciso refaccionarlas. Trabóse reñida contienda entre algunos Mataguayos de arriba con los de abajo, acerca de cobrar un caballo que habian robado los unos de los otros: pero, menos bárbaros que atentos, pidieron vénia para ello á nuestro General, quien apreciando la atencion, les afeó el hecho de estimar en mas sus bestias que sus paisanos, y que como amigos del español debian imitarle en la paz y en la union, no esgrimiendo sus armas por cosas tan ridiculas; y que él prometia darles un caballo á su satisfaccion, á fin de que no pasasen en su contienda. Con lo cual conformes, y como avergonzados cesaron, dejando la riña solo en desafio.

En este real, por acaso, descubrimos tener estas selvas la caña dulce de que se forma el azúcar, miel y alfeñiques; lo que descubrió el Ayudante Sardina, que aislado en busca de camino, topó con un cañaveral. Y trayendo á nuestro real una, por el zumo, por la hoja, por el peso y por el gusto, conocimos ser caña dulce, aunque no era muy fino el sabor; lo que talvez proviene del jugo inepto, por ser el terreno salitroso, ó por la ninguna cultura que le asiste. Los indios dicen que hay mucha en los montes, pero no la comen, porque, no sé porque motivo, la titulan flecha del Diablo. De aquí se escapó un presidario.

(4 leguas.) El 11, como á las 9 del dia, salimos de este tren y venimos á parar en distancia de cuatro leguas, en un dilatado escampado á las márgenes del rio, siguiendo el mismo rumbo al naciente: de aquí empiezan las rancherias de los indios Sinipés, y nuestro P. Capellan hasta hoy no ha parecido. Titulamos este el Tren del Yelo, por el excesivo que tuvimos esta noche, en que se perdieron 8 vacas y 2 caballos.

Estos indios Sinipés en la expedicion pasada prometieron al Sr. Matorras sugetarse á reduccion, quien así les prometió egecutarlo en mas oportuno tiempo.

(3 leguas.) Del Tren del Yelo salimos el 12, como á las 12 del dia, y vinimos á parar en distancia de 3 leguas, en una cañada de muchos pastos y trebol: y aquí topamos el R. P. Lapa con 40 bizarros indios Sinipés y un Malbalá, y segun la relacion de dicho P. le toparon los indios con bastante recelo. Y enterándoles su R. del fin de nuestra entrada (por medio del faraute), se entregaron y resolvieron á venir; y segun se han explicado, adoptan siempre el proyecto de su reduccion, y de salir (en su caso) á discrecion de los superiores. El cacique no vino por enfermo, pero mandó recado á nuestro General, que se esforzaria á salir en su distrito, donde trataria lo conveniente en cuanto á capítulos de paz y reduccion: por lo que para allí se reserva estampar lo que ocurriese.

Esta noche hospedamos en nuestro real á estos indios, y mandó S. S. se les aviase de carne: repartíoles gorros, cuchillos y otras baraterias de que quedaron muy agradecidos. Esta noche nos cayó otra helada mucho mas rigurosa que la pasada. Titulamos á este el Tren del Apio, por abundar sobremanera esta yerba en estos bajios.

(3 leguas.) El 13, como á las 9 del dia, caminamos siguiendo el propio rumbo, y llegamos al parage de Santa Rosa, en distancia de tres leguas. Y como se adelantase de la marcha nuestro General y el Sr. Arcediano, con el P. Capellan é indios advenedizos, llegaron á una eminente barranca del Rio Bermejo, al frente de las rancherias de los indios Chunupíes: y pasándole aviso S. S. al principal cacique Atecampibáp (famoso caudillo, y poderoso por las naciones que comanda), apenas recibió el recado político que se le pasó, se puso en camino, y metido en una balsa de cuero, acompañado de un lucido y numeroso convoy, á pesar del sanguineo Bermejo, surcando sus corrientes en este alado aunque tosco bajel, llegó con presteza á nuestra banda, y sacándole en brazos los suyos, saltó á tierra.

A penas se aproximó à nuestro General, le echó este los brazos, y lo recibió con suma gratitud, haciéndole entender por medio del faraute, cuanto se complacia de verle, conocerle y tenerle por amigo. Igual diligencia practicó el Sr. Arcediano y Capellan, y á todos respondió el cacique con iguales expresiones de cariño, vertiendo en este acto copiosas lágrimas de regocijo.