(4 leguas.) De aquí salimos el 28, y vinimos á parar en la Cañada de la Princesa, distante 4 leguas: se intitula asi por el encuentro que en ella tuvo la pasada expedicion con la hermana del famoso Paikin.
(3½ leguas.) El 29, como á las 11 del dia, salimos de esta Cañada, y vinimos á parar en otra igual, que dista de aquella tres leguas y media.
Aquí nos encontró el R. P. Lapa, de regreso con el cacique Lachiquitin, y otros indios Tobas que le acompañaban: dió razon dicho Padre haber encontrado estos indios bien cerca de Lacangayé, y que, anoticiándoles del fin de nuestra marcha, tuvieron por conveniente venirse con el Padre á toparla: y porque los suyos estaban abajo convocados para presentar batalla á los Abipones sus enemigos, tuvieron á bien hacerles chasque, para que, noticiosos de la marcha, omitieran aquella perniciosa hostilidad, tratando solo de disponerse para reducirse: con lo que suponemos se haya deshecho la conspiracion. Y habiendo llegado á nuestro real, recibió S. S. y el Sr. Canónigo al cacique referido y sus acompañados con mucho júbilo, abrazos y cariño, mandándoles repartir carne para aquel dia.
(5 leguas.) El 30, salimos de este tren como á las 10 del dia, acompañados de los dos caciques é indios de su comitiva: venimos á parar en distancia de cinco leguas en el Tren de Lachiriquin, así nominado, por el encuentro que con él tuvo la marcha de la pasada expedicion, tan feliz como deseada, por la alianza que con este famoso caudillo de los Mocobíes se consiguió, de que resultó todo el alivio de los concurrentes.
(5 leguas.) El 31, salimos de este tren como á las 10 del dia, y venimos á parar en la Laguna de las Perlas, que casi formadas en su seno matriz se encontraron en la expedicion pasada, pegadas en algunas, semejantes á las que se encuentran en las ferias y pesquerias: confrontando con esta relacion lo que en el particular escribió el R. P. Lozano de la extinguida Compañía, quien al párrafo 2.º fòlio 11 de su Descripcion Corográfica, afirma haberlas en algunas lagunas de este vasto continente, citando diversos autores que lo apoyan. Cuya profundidad, y el ningun tráfico de los españoles por estos lugares, hasta hoy no han descubierto su formal existencia, y en la presente campaña esperamos averiguar su realidad. Dista este tren del pasado cinco leguas.
AGOSTO.
(4 leguas.) El primero de Agosto, como á las tres de la tarde, salimos de este tren, por haberse ofrecido un desmonte y venimos à parar en distancia de cuatro leguas, en una ceja de monte, donde llegamos de noche, y por lo tenebroso de ella le titulamos el Real de las tinieblas.
(7 leguas.) De donde salimos el 2, como á las 8 de la mañana, y vinimos á parar en distancia de siete leguas à las márgenes de una hermosisima laguna que forma un semicírculo, en la que se tomaron tres caimanes pequeños, por lo que se le titulò la Laguna de los caimancitos.
(4 leguas.) De esta salimos el 3, como à las 11 del dia, y à poca distancia topò á nuestro General el cacique Ketaydí, à quien recibiò con mucho agrado: y tratándole de su reduccion, dijo que la diesen á los Tobas de adelante, que luego se le daria á él: repugnándole bastante la situacion de Lacangayé para pueblo, por justas razones que alegò; siendo la principal el ser pavimento que frecuentemente lo inunda el Rio Grande. Despidíose de nuestro Comandante, y por ir de camino solo se le dieron tres reses en pié, y se fué à su rancheria. Vinimos à parar à las márgenes del rio en unos algarrobos, donde està situada una rancheria desierta, y dista del pasado real como cuatro leguas, distando cuatro de Lacangayè. Aquí paramos todo el dia 4, por haber comodidad de pastos y aguas, respecto de estar todo el campo quemado: hallandose por ahora indeciso S. S. en cuanto al sitio de nuestra residencia, y plano de las dos reducciones.
El mismo dia, como à las 5 de la tarde, se presentaron en nuestro real el cacique Keyabirí con cerca de 20 indios, y con ellos D. Juan Zea y el partidario Antonio Burgueño, (que como se dijo atras, los mandó S. S. por el Salado á que sacasen los huesos del finado P. Sena y su carruage). Recibiò S. S. à los indios con toque de tambor, y formada la gente miliciana, díoles estrechos abrazos nuestro General, el Sr. Canònigo, P. Capellan y toda la oficialidad. Dándoles á entender por el intèrprete el fin de nuestra entrada, contentos respondieron unánimes, eran muy gustosos, y que siempre estaban en lo que prometieron. Por lo que S. S. con particular jubilo les mandò batir la real bandera, que traia por hasta una cruz; y á voces claras se proclamò diciendo, Viva el Rey.