El 2 caminó la tropa partidaria de regreso á su presidio, llevando los presidarios que se trajeron; y con estos regresaron los peones y gente conchabada, quedando S. S. con el Sr. Arcediano, su Auditor, Mayor de Ordenes, Proveedor, Secretario, Médico, y un piquete de 7 partidarios y sus esclavos: con los que regresaron, y se retiró tambien el Protector D. Juan Antonio Caro, á quien reconoció el mèdico de la expedicion estar imposibilitado de poder viajar, por haberle postrado sus achaques.
Y porque el Proveedor D. Diego Angel de Leiba es sugeto de luces, y se halla bastantemente impuesto en asuntos de reducciones, quien igualmente que el otro asistió á la pasada expedicion, le nombraron SS. SS. por Protector de indios para todos los actos ocurrentes, y en especial para la resolucion de fundos de estas reducciones, respecto de haber concluido las operaciones de su proveeduria.
Desde el 5 hasta el 7 se ocupó la gente que habia quedado, y los dos prácticos Guzman y Nuñez, en formar un barco sobre dos camas que se habian labrado, entoldándole y calafateándole, para que S. S. y los suyos caminasen por el Rio Bermejo. Este dia llegó de Salta Silvestre Corro, conduciendo pliegos y algunos muebles que se le encargaron.
El 9 congregó S. S. á los Mocobíes, y les exortó á la perseverancia en su propósito; á que se portáran con juicio y amáran á sus curas doctrineros, y que los caciques principales que quisieren venir con S. S. á la de Corrientes, ó por tierra ó por agua, para que ayudasen á conducir sus abastos, se les permitiria acompañarle.
Tomóse esta resolucion, así por civilizarlos, como porque tomasen conocimiento de aquella ciudad y gentes, para que en lo futuro ocurriesen con satisfaccion en solicitud de sus urgencias. El Señor Arcediano resolvió caminar por tierra con los caciques que no cabian en la embarcacion: por lo que S. S. dispuso acompañar al Señor Arcediano, los soldados que quedaron y sus esclavos conduciendo algunas cargas.
Este dia, como á las cuatro de la tarde, despues de bendecirse el barco, nos dimos á la vela los sugetos siguientes—El Señor Comandante General, el P. Capellan, Fray Francisco Morillo, el Auditor, el Mayor de Ordenes, el Secretario, el Protector, el Médico, el tambor, un práctico, otros dos de agua, dos remeros, una negra cocinera, el sastre, dos indios Mocobíes, el uno ladino que hacia de intérprete. Este dia solo caminamos media legua, con sonda de dos y media varas, y por estar recargada la embarcacion se le quitaron tres cargas de mula.
El 10, como á las nueve del dia, caminamos siguiendo el rumbo al naciente, con algunas vueltas al S y al E. Todas las márgenes de nuestro rio se componian de dilatadas campañas, sin montañas que estorbasen la vista, pobladas de verdes pastos y cejas de montes, y las vegas del rio admirablemente formadas y adornadas de sotos y sauces la sonda siempre de dos y media varas. Este dia caminamos 10 leguas, parando bien temprano sobre la barranca, al piè de una frondosa arboleda á la banda del S.
El 11 celebróse temprano el santo sacrificio, y al romper el dia caminamos, tomando por patrona para el viage á Nuestra Señora del Rosario. Este dia caminamos 22 leguas por iguales campiñas, y la sonda de tres varas, dando el rio continuas vueltas al S N y E: paramos sobre una eminente barranca á la banda del N, donde hallamos vestigios de una antigua rancheria.
El 12, bien temprano salimos de este real, que intitulamos del Gato porque en èl se nos quedó por olvido un montesino que traia S. S. para remitirle á S. E., por ser animalejo de estraña piel, figura y propiedades; y aunque por todos medios se procuró su hallazgo, no se pudo conseguir. Por iguales campos caminamos este dia; pero como estrechase mas el rio, la sonda era de cuatro varas y en partes de cinco. Venimos á sestear en distancia de 10 leguas, cerca de unas rancherias de indios Tobas que están á la banda del N, cuyo caporal es Tegnocorí, de los empadronados, que con los suyos habia venido á la cosecha de la algarroba.
Luego que nos sintieron, vinieron al barco, donde mandó S. S. se repartiera bizcocho y tabaco; y porque nos faltó la carne nos vendieron estos una oveja. Saliendo de esta sesteada, venimos á dormir en el Paso de los Guaycurúes: y todo este dia por una y otra banda nos salian indios Tobas y Mocobíes á las barrancas, admirados con las canoas, y queriendo les dieramos conversacion, nos gritaban que parasemos. El General, cierto de la legalidad de estos, no siendo posible parar el barco por lo eminente de las barrancas, mandaba al de la proa tirase el cable á los indios para que ellos le sugetasen: y con efecto, agarrados de él, con mucho júbilo y algazára le sugetaban. Repartíaseles bizcocho, tabaco, abaloríos y yerba: dábaseles razon de nuestro viage, y ellos muy contentos de ver al Apo, que así llaman en su idioma al superior, nos soltaban la cuerda, despidiéndose muy agradecidos.