En este dia el rio dió muchas vueltas al N: anduvimos 21 leguas hasta el paso referido, que le llaman de los Guaycurúes, por ser tránsito preciso de esta nacion, cuando pasa á invadir al Abipoa; y allí encontramos algunos aparejos, de los que habian dejado, y se dividian diversas sendas trilladas. La sonda de este dia de nueve cuartas, y de diez por lo comun.

El 13 salimos de este paso al romper el dia: caminamos por el rumbo del E y S, con doce cuartas de sonda. En varias partes el rio forma crecidos remolinos, y una herradura ó tajamar, tan grandioso y quieto que parece una mar muerta. Al cabo de las 25 leguas venimos á parar en una eminente barranca muy abundante de mosquitos, (como toda esta vereda): en partes no alcanzaban sonda los remansos de este dia.

El 14, junto con el dia caminamos; y á la legua de haber salido se encontró á la banda del N un madrejon que se ceba del rio, y presumiendo seria el Arroyo de las Conchas, pasamos algunos sugetos á reconocerle, y hallamos que dimanaba del rio. Y en distancia de 16 leguas, dando el rio una vuelta hácia el E, se divide en dos brazos, uno que gira directo al naciente, en cuya puerta está acopiada gran multitud de trozos, y no lleva tanto caudal como el brazo que gira al E, cuyo giro seguimos y al cabo de 4 leguas, venimos á parar á la banda del N, sobre una eminente barranca. Este dia tuvo la sonda por lo comun tres varas, y en partes seis. Las márgenes del rio por una y otra banda se veian graciosamente pobladas de árboles de tajibo, laurel, canela, que llaman brava, quebracho, pacará, urundey, chalchal, mollelentisco, chirimoya, murtas de arrayán, sotos, sauces y cañas tacuaras, con otros que no pudimos conocer. Este dia caminamos 21 leguas.

El 15, con la luz del dia caminamos al rumbo del naciente, y reconocimos que nuestro rio se iba enangostando; y apresurando su movimiento y formando continuos laberintos, sin que alcanzára la sonda. Al cabo de tres leguas, sin poderlo remediar, nos hallamos en un estrecho conflicto. Dividíose el rio en dos canales, la una al naciente, y por allí el rio parecia precipitarse en algun despeño: el mayor trozo del agua giraba al S; y apenas se pudo sugetar el barco para que tomára esta vereda, por donde habia la agua mas pausada: pero dimos en un undoso y fuerte remolino, que nos estuvo dando vueltas por espacio de media hora, forcejeando a tirarnos al precipicio. Los remeros y prácticos trabajaban sin turbacion contra el agua, aunque sin mas fruto que no dejarse llevar; hasta que S. S. invocó el patrocinio de Nuestra Señora de Itaty con una promesa, y al instante nos dió el agua paso franco.

Y antes de narrar los demas sucesos de este día, haremos una útil y conveniente digresion. Para evadir este remanso hay dos remedios: el primero, echar por tierra aquella isleta, que es tan corta que no tiene media cuadra, y es de tierra gredosa, y luego se juntan estos brazos. El segundo es, tomando aquel brazo, que dejamos referido se separa hácia el naciente, y que en distancia de 20 leguas vuelve á nuestro rio. Lo que dió mérito á poner esta advertencia; aunque pudiera por tiempos escasear el agua: por lo que contemplamos mas seguro el primer arbitrio, por ser copiosa esta canal.

Mas abajo de esta separacion, como á la media legua, vuelve el rio á dividirse, formando otra isleta como de media legua, y luego se incorpora un brazo con otro. Como á las cinco leguas hace nueva division, y en este dia salen 4 brazos de nuestro rio al rumbo del S, pero nosotros seguimos siempre la canal mas copiosa que giraba al naciente y S: y aunque con tanto desague pensamos nos faltára el agua, siguió la canal bien copiosa con sonda de 12 cuartas, y al cabo de las 16 horas vinimos á parar á la banda del S: habiendo experimentado tener las márgenes del rio los mismos árboles que se han notado, muchas frutas silvestres, cañas de baston, micos y monos, con mucha copia de volatiles y caza de loros, patos, papagayos, anseres, charatas y pavas, con otras aves de las canoras, y de plumas extrañas y vistosas. Este dia nos asomaron dos feroces tigres á la barranca, el uno con ademanes de furioso, y aunque se le tiró con una escopeta, no hizo movimiento.

El 16 con la aurora comenzamos á marchar, y á poco trecho salimos de los bosques á unos campos dilatados, y eminentes palmares de una y otra banda, y conforme fué aclarando el dia fuimos observando que todos los brazos que se habian separado de nuestro rio iban tornando á él como á su centro: y extrañando que solo el brazo primero no habia vuelto, (que es el mismo que dió mérito á la digresion) habiendo caminado como 10 leguas, bien cerca del mediodia le vimos incorporarse con crecida copia de raudales, por la banda del N, y en las márgenes encontramos 5 tigres juntos que habian salido á la barranca, y á poco divisamos otro por la banda del S, y al cabo de las 12 leguas venimos á dar al mediodia en la junta de nuestro Bermejo con el famoso Rio Paraguay; aquel caminando de N á S, y el nuestro de poniente á oriente; aquel cristalino, y este turbio y sanguineo; aquel un rey coronado en su grandeza, y este un mínimo vasallo pechero y tributario suyo: pero habiendo tirado la sonda le hallamos con 9 varas de agua.

Aquí paramos á sestear, y luego como á las 3 de la tarde le pasamos, buscando la banda contraria por sí tomaba cuerpo el aquilon que estaba soplando con pausa: y habiendo caminado como 3 leguas paramos á pasar la noche en la banda del naciente.

El 17, como á la una de la mañana, reconociendo el agua muy tranquila, caminamos por la costa del naciente, y al cabo de cuatro leguas devisamos la fortaleza del Curupayety. Al llegar á ella hicieron la salva nuestros cañones, saludando la plaza, y correspondiendo, salió el capitan de la fortaleza con algunos soldados, y haciendo á nuestro General los honores correspondientes, le introdujeron en la plaza.

Aquí paramos el 18 y 19, esperando al Sr. Arcediano, y los nuestros que vienen por tierra, sin tener la menor noticia de ellos.