El 17 salimos de esta jornada, caminamos 19 leguas hasta que paramos en un recodo, y en este espacio de navegacion observamos que nuestro rio dá diversas vueltas y revueltas al S, N y O. A las 6 leguas de camino entra un rio llamado Santa Rita, ó Mais Gordo, que debe su nacimiento á la Sierra del Alumbre, ó Santa Bárbara. A las 2 leguas, dejando el rio su natural vereda, rompe por estraño giro, y caminando poco mas de legua, vuelve á la madre natural. Hay diversas cejas de montes y campañas de una y otra banda. Al lado del N nos salió una indiada Mataguaya de unos 350, y entre ellos algunos Orejones; y habiendo practicado con ellos el mismo evangélico y piadoso oficio que con los pasados, é instándoles se redujesen, todo era decir: dáme, Padre. Díles taladro, cuchillos y gualcas, y me dieron paso franco: se arrojaron 6 indios de estos al rio, diciendo, no les habia dado á ellos: regalélos, y uno algo ladino se fué embarcado con nosotros como dos leguas. Al ponerse el sol, por la parte del N nos salió otra indiada Mataguaya, de unos 200 indios de toda chusmas: arrojáronse al rio, y tomando la canoa la llevaron á donde estaban. Repartíles algunas cosas, y habiendo dado unas varas de ropa á uno que al parecer era el que mas mandaba, le dije: toma capitan; y cuantos habia querian ser capitanes, porque les diese mas: dos de estos se vinieron embarcados con nosotros como una legua. La sonda de este dia en las playas, de mas de á seis cuartas, y lo demas de tres varas: y habiendo parado de noche junto á unos sauces al lado del S, ví cenar á mis cuatro convidados, y habiendo llovido esta noche, se valieron de la obscuridad para robarme mis gergas, unos calzones de un peon y otras cosas.

El 18 salimos de aquí como á las ocho del dia, y caminando como 4 leguas, entraba en nuestro rio, entre unos sauzales, otro por la parte del S con sonda de media vara, que dicen ser el Dorado, que debe sus vertientes al Cerro del Alumbre. De esta entrada, á la media legua, el rio, dejando su antigua madre, se extraña hácia la parte del S por espacio de una legua, y vuelve á su natural cajon. A la parte del N registramos una rancheria, en la que se dejó ver un indio, y al vernos echó á huir. Aquí topamos algunos tilbes armados para pescar: su construccion es de palos parados, tejidos con juncos, y les dejan una puerta, y entra por ella el pescado, y cerrada la puerta le toman con abundancia.

Encontramos á la parte del N una laguna grande, cuyas aguas, aunque en pequeña copia, se entran en el rio. A la parte del N encontramos cinco rancherias desiertas. Paramos esta noche en una península: anduvimos este dia 15 leguas. La sonda en la playa es de seis cuartas; lo demas del rio, de mas de tres varas: sus márgenes todo campos y sauzales. Bien anochecido, pasaron 10 indios de la banda del S á la nuestra. Repartíles algunas cosas: me dijeron que su ladino era Amaya, y contentos se despidieron.

El 19 caminamos siguiendo nuestro rumbo al oriente, y de allí á corta distancia se divide el rio en dos brazos, que se juntan á las dos cuadras. A la parte del S se halla una rancheria grande despoblada, que se supone ser de indios Mataguayos: á la parte del N se incorpora un rio con el nuestro, que llaman unos de San Antonio, y otros de las Conchas, cuyo giro viene del N, y su nacimiento totalmente incógnito: en la entrada tiene de sonda media vara.

A las 3 leguas de este rio, á la parte del N, salió una indiada Mataguaya, de unos 200 de toda chusmas tenian lenguarás en la lengua quichua, y por medio de mi paje exhortèles á la conversion de la Fé: y haciendo poco aprecio, solo aspiraban á pedir tabaco y otros cosas. Regaléles y quedaron contentos: mas unos 12 de estos, ocultándose entre los sauces, me siguieron dos leguas, y arrojáronse á la canoa. A este tiempo, saltó de la banda del S, otra indiada de mas de 300 Matacos de toda chusma, y huyeron los 12 que me seguian. Son todos de una misma nacion, pero enemigos declarados los del S con los del N; y suelen decir los del S: Mataco bueno, Mataguayo malo, y al contrario los del N. Estaban todos bebidos, cayeron sobre la canoa, y apoderados de ella, nos llevaron donde estaba la chusma. Salté á tierra, y preguntéles: ¿qué querian? que yo era su amigo, que los regalaría, que no hiciesen daño á los mios. Hablaban con enojo en su lengua, y al cabo de un buen rato dijo el ladino: saca, Padre, mucho tabaco, bizcochos y cuchillos. Díles con abundancia, y no hubiesen quedado contentos, si no hubiese dado á algunos de los capitanes un sombrero y unas varas de ropa. De allí, como á la legua, salió otra indiada, como de unos 200 de toda chusma: practicaron la misma diligencia que los antecedentes, quisieron llevarselo todo: pero habiendo dado á un capitan, que mandaba entre ellos, unas varas de ropa y seis cuchillos, los contentó el capitan con unas gualcas, charque y bizcochos que les dí, y me dieron paso. A la media legua, á la parte del S, topamos una rancheria á las márgenes del rio, que era de un indio ladino llamado Francisco: recibíome este indio con mucho agrado, á quien exhorté acerca de su reduccion: hícele presente nuestra santa ley; y me dijo, que su hermano Estevan, y él con el indio Mariano, querian reduccion en Mais Gordo. Díles algunas cosas: serian de toda chusma poco mas de 100: paramos junto á la misma ranchería. La sonda, de á seis cuartas: anduvimos este dia, por las continuas paradas, 8 leguas; todo es campo en las márgenes de este dia, con algunas cejas de monte.

El 20 amaneció lloviendo con fuerte viento, mas por huir de los indios caminamos como una legua: y lloviendo como estaba, de la parte del N se arrojaron al rio, entre hombres y mugeres, mas de 200, que algunos estuvieron ya para ahogarse. Llegaron á la canoa, y apoderados de ella, querian llevarlo todo: díles algunas cosas, y dejáronme. Arrimème á un recodo de la parte del N, donde pudimos refugiarnos del agua y del viento. Todo este dia paré, é iban y venian los indios, á quienes les mostraba por su ladino las verdades de Jesu-Cristo, y las mentiras de Satanás. Este dia á D. José Parilla le dió un accidente, que quedó mas de una hora por muerto; y salimos poco despues por haberse aliviado dicho Parilla. Anduvimos una legua: la sonda de tres varas.

El 21, saliendo al amanecer, á la legua de camino encontramos una rancheria de 150 indios de toda chusma, al lado del N, que nos estaban aguardando dentro de unos sauces, y uno de ellos en voz alta, dijo: si no hay tabaco, no hay caballo. Comprendíle el misterio, y atracando la canoa donde estaban, dándoles tabaco y otras cosas, parè. A poco volvieron á salir 6 indios, de los que ya dejábamos atras, diciendo, que á ellos no les habia dado tabaco: volvíles á dar, y se fueron. Aquí el rio da vuelta á la parte del N por espacio de dos leguas, y vuelve al naciente. A la parte del S salió una indiada Mataca: su ladino se llamaba Luis, á quien antes conocia; pues este con su gente trabajó en Salta en el convento, estando yo de guardian; y de toda chusma habria 220. Tratéles de su conversion, y me respondió que ya habia tratado con su amigo el Señor Arias. Regalélos, y me regaló dicho ladino un poco de miel: paramos junto á unas rancherias á la parte del S. Dijéronme los indios que serian como unos 200 de toda chusma, que su ladino era Lopez, que vendria presto, (conocia á este indio) y lo mandé llamar. Anduvimos este dia 13 leguas: la sonda de á mas de 6 cuartas en la playa, y lo demas de tres varas. Las orillas del rio en este dia son campos, sauzales y cejas de monte: díles á estos indios bizcocho y carne para cenar.

El 22 por la madrugada llegó el dicho ladino Lopez, habléle á él y á los suyos, exhortándolos á que pidiesen reduccion, y me dijo, que èl, con el hijo del difunto José Antonio, habian hablado al Señor Arias, cerca de reduccion. Preguntéles donde estaba el José Antonio, y qué familia tenia: y me dijo, "ya lo has pasado, pues está dentro, en unas lagunas, y tiene mas de 200 indios". Regaléles cuchillos, ropa, tabaco y otras cosas: diéronme unos zapallos, y me despedí de ellos.

A la legua de camino, al lado del N de un bosque espeso de sauces, salió un indio: huyó al vernos, y habiendo ido á llamar á sus compañeros, como á la legua, nos salió una comitiva de indios, que serian 50, todos con armas. Pidiéronme tabaco; mas un viejo con desagrado daba voces en su lengua, y me quitò de la mano el tabaco que tenia, como enfadado: díles otras cosas y se fueron. Da el rio muchas vueltas de N á S por campos abiertos. A la parte del N salieron 12 indios con tu ladino: díles tabaco y bizcocho, y todo era preguntar ¿donde parábamos aquella noche? Siguiéronnos, ocultándose á trechos mas de dos leguas, y habiendo encontrado á la parte del S dos indios de la rancheria de Josengo, les dije lo llamasen. Seguíannos los del N, ocultándose á veces, y habiendo llegado Josengo con su gente, luego que vieron á estos, dispararon los 12 que nos seguian.

Hablé con dicho Josengo, y otro ladino llamado Ignacio, acerca de su conversion, y me dijeron ambos, que ya habian tenido tratados con dicho Señor Arias, que en fé de su deseo le habian dado cuatro muchachos hijos suyos, para que los tuviese como en rehenes. Regaléles algunas cosas, y paramos en este parage, que dijeron llamarse los Caymanes: anduvimos este dia 14 leguas. La sonda por las playas de mas de seis cuartas, y lo restante de mas de tres varas: pobladas las márgenes del rio de campos y sauzales.