El 23 al amanecer regalé á toda la chusma que habia llegado esta noche, que serian 250. Despedíme de mis amigos: nuestro rio da vueltas y revueltas, sin perder su natural giro al naciente. A las dos leguas, del lado del N, salieron como 80 indios Mataguayos, arrojáronse al rio, apresáronme la canoa, y furiosos querian estorbar nuestro tránsito: pero al cabo del tabaco y otras regalías se rindieron, y nos dieron paso franco. Como á las 5 leguas, á la parte del S, encontramos con la rancheria de Lope Mozo, de nacion Mataca, que componia el número de 130 indios de toda chusma: recibíome con agrado: demostróme el gozo que tenia de la oferta de reduccion que les habia hecho el Señor Arias, y habiéndolos regalado, en recompensa dièronme una lechiguana, y gustosos se despidieron.
Como á las tres leguas de esta rancheria, á la parte del S, encontré con la del ladino Tineo, que se compondrá de mas de 300 indios, entre chicos y grandes: díles á entender por dos ladinos que tenian, la ceguedad en que vivian; los daños que les habian de resultar de la idolatria á sus almas, y por esta las necesidades que pasaban: que prestasen vasallaje al Rey, mi Señor, de las Españas, que este Señor los favoreceria: y siendo estos, como los judios, carnales, expliquéles con ejemplos materiales las ventajas que lograrian en nuestra religion, de presente y de futuro. Díles á entender la hermosura de la gracía, y la fealdad del pecado, la eternidad consabida en uno y otro extremo de pena y gloria, con la duracion del alma, y otros puntos que juzgué por convenientes, los que oyeron con gusto: y tratándoles de reduccion, un ladino, llamado Lorenzo, me respondió lo mismo que ya me habia informado Ignacio, su compañero; por lo que conocí de cierto en estos deseo de reducirse.
Preguntéles por su caudillo Tineo, y me dijeron, que estaba muy enfermo, y distante de allí 15 leguas, por lo que con harto dolor mio no pude ir á socorrerle en su mayor necesidad. Díles á todos varias regalias, especializándome con los dos ladinos: quedarónse gustosos, y despedíme de ellos. A la legua, á la parte del N, salieron unos 50 indios Mataguayos; díles tabaco y unas gualcas, y quedaron contentos. Paramos este dia en un recodo que hace el rio á la parte del S. Anduvimos 18 leguas: la sonda, por lo menor, seis cuartas, lo mas cuatro varas. Llaman á este parage la Esqina: las orillas del rio son campos y cejas de montes.
El 24 salimos al ser de dia: á las dos leguas encontramos una caja de monte alto, con árboles de palo santo, á la parte del S, y á la del N, eminentes palmares que siguen como 6 leguas. Encontramos este dia á la parte del S, una rancheria despoblada, cuya construccion indicaba ser de Chunupíes, con algunos pescaderos que tenian en el rio: aquí paramos en esta rancheria, habiendo caminado 18 leguas. La sonda lo menos de dos varas, lo mas de cinco y seis. Registramos en sus orillas este dia montes, palmares y campos.
El 25, caminando de esta jornada, llegamos á la rancheria del famoso General de los Chunipíes, Sinipés y Malbaláes, Antecapibax, á quien encontré con sus dos valerosos capitanes, Chinchin y Guanchil, y habiéndoles hablado sobre su conversion, me diò á entender dicho General el deseo de su conversion, y cuanto placer habia tenido de conocer al español, y haber tratado á su amigo, el General Arias; y que hacia muy poco habia mandado mensage acerca del sitio de su reduccion, avisándole de su grave enfermedad que habia padecido, en la que imaginó morir; pero que el Dios de los cristianos le habria otorgado tiempo para cumplir sus deseos: que él y las tres naciones de su mando estaban prontos á cumplir su escritura. Agradóme mucho esta gente, que es agigantada, hermosa de rostro, blanca, despejada, muy culta y aseada en su vestido. Es dicho General muy circunspecto y afable, sin que desmienta su señorio á su gratitud: es temido y respetado de los suyos; pues, queriendo bajar algunos solteros y solteras á la canoa, para verla por curiosidad, mandóles en su lengua se estuviesen quietos, y lo practicaron, y á súplicas mias se les permitió paso á su curiosidad, que á nó, no lo consiguiesen.
Hízome presente, que su amigo, el español Arias, les habia recomendado á los que viniesen por agua, y que en su poder habia dejado una vaca para que la diese á nuestra pasada: que estaba pronta, y que ya habia enviado por ella. Agradecíles, y les dije que la comiesen en mi nombre. Gratifiquéles cuanto pude, y suplicáronme quedase allí aquel dia con ellos, á cuyo ruego no pude condescender. Al despedirme, me abrazó dicho General, y me suplicó intercediese mi respeto para que su amigo Arias les diese reduccion en aquel parage, y le persuadiese que esta mudanza no era veleidad de su parte, sino buscar para los suyos su mayor comodidad: que estuviese cierto de su constante amistad, y rogóme una y muchas veces fuese yo su cura. A una y otra súplica le ofrecí el sí. Regalóme un cordero, que á la verdad estaba hermoso de gordo, y despedíme. Se compone esta rancheria de Chunupíes y Malbaláes, de 330 indios de toda chusma.
De esta rancheria, en distancia de 5 leguas á la parte del N, salió otra de Mataguayos, de 130 indios de toda chusma. No tenia ya tabaco que darles, que es lo que mas aprecian, y se contentaron con sal, bizcocho, charque y unos clavos que traia. Encontramos por la parte del S tres rancherias de Chunupíes, despobladas: paramos en la última á hacer mediodia; y estando comiendo, pasó una india Sinipé á caballo, cerca de nosotros: llaméla y vino á donde nosotros estábamos. Díle un poco de bizcocho y unas cintas, y generosa, echando mano á sus mochilas, me regaló todos los choclos y zapallos que traia, y se fué: estando comiendo llegaron otros dos indios Sinipés: comieron conmigo, y se fueron. Seguimos nuestro camino, y habiendo andado 16 leguas este dia, paramos junto á unas barrancas salitrosas; su altura de tres varas. La sonda de este dia, por ir el rio recogido, de mas de dos varas en lo menos, y en lo mas, de seis y siete varas: las márgenes del rio están pobladas de palmares y cejas de montes. Ya anochecido, pasò de la banda del N un indio Mataguayo: convidéle á cenar conmigo, y despues de haber cenado bien, se despidió con señales de amigo, y á la media noche vino por el agua con otros cinco indios, y nos hurtaron la caldera de calentar agua, un plato de estaño y otras cosas.
El 26 vino un indio Sinipé, con su lanza á caballo: díle un cuchillo, y díjome: yo Sinipé bueno, Mataguayo malo: yo guapo: siguió la orilla del rio en pos de nosotros. A poca distancia salió de la parte del N una indiada Mataguaya, de ciento y mas indios, siendo su caudillo el antecedente convidado y ladron nocturno: se arrojaron á la canoa, y el indio Sinipé que nos acompañaba, se arrojó al rio y pasó donde yo estaba, y habiéndoles regalado charque, bizcocho y gualcas, quedaron contentos. Siguiéronnos unos 12, y nunca se atrevieron á llegar, temerosos del indio Sinipé que á caballo nos acompañaba: fuése el indio Sinipé. Este dia caminamos 16 leguas; su sonda por las playas, de seis cuartas, lo demas de tres varas. Las orillas del rio son campos abiertos, palmares y árboles de palo santo: gira su curso derecho de poniente á naciente, con solo una vuelta que da, como de una legua, hácia el poniente.
El 27 caminamos 18 leguas: la sonda como el antecedente dia, y lo mismo las márgenes del rio. Encontramos unas rancherias desiertas, y en una de ellas habia dos perros que nos siguieron. Observamos en adelante una gran quemazon á la parte del N, y á la del S nos salieron 6 indios Sinipés, que habiéndolos gratificado, uno de ellos recomendó su caballo á sus compañeros, se encontró en la canoa, y nos acompañò todo este dia y esta noche.
El 28, habiendo salido con el sol, á las dos leguas de camino a la parte del S, nos salieron unos indios Sinipés; uno de ellos era algo ladino: preguntéle por su capitan, y díjome que se llamaba Dupulem; que estaba allí cerca, que le iria á llamar. Con efecto, á las dos leguas salió dicho capitan, con su ladino é indiada de mas de 200 de chusma. Exhortéles á la Fé de Jesu-Cristo; respondiéronme que su General, y el español Arias habian tratado sobre este punto; y aunque sus soldados habian variado cuanto al sitio, habia sido con pesar suyo, porque él quedó con el español en salir á la Cañada del Padre Roque: pero que su General y soldados habian mudado de consejo en esta parte, y que él estaba en ánimo de pasar á Lacangayé á dar cuenta al Apú (que así llaman al superior en su lengua.)