Me dió una carta, que el Auditor de la expedicion reduccional habia dejado para el de la fluvial: regalóme un cordero y unos zapallos, quedándome corrido á vista de esta generosidad no tener mucho que regalarles. Solo esta indiada, como la pasada, es hermosa, culta, bien criada y vestida: despedíme de ellos, y aquí se quedó el indio que me vino acompañando.

A poco, al lado del S, salió una indiada de nacion Atalulá, de unos 60 de toda chusma, de la reduccion de Macapilo, y su ladino se llamaba Pascual. Enterado de sus apostasias, exhortéles con amor fuesen á su reduccion: y me respondieron, que al regreso de su cura, el P. Fray Antonio Lapa, del órden seráfico, tenian tratado su vuelta. Propúsele me acompañase hasta donde estaba el Señor Arias, y le daria unas varas de ropa, aceptó el partido, y se embarcó con nosotros: y habiendo dado á los suyos bizcocho, sal y yerba, seguimos por el rio; y saltando por dos veces en tierra, reconocimos en estas dos partes el nuevo carril que habia abierto la expedicion reduccional. Anduvimos este dia 12 leguas, la sonda, de mas de seis cuartas en las playas, y lo restante de cuatro varas. Observamos á una y otra márgen cejas de montes, campos y algunos palmares: todo este dia el rio corre al naciente.

El 29, acompañados del indio, anduvimos 18 leguas: observamos á una y otra banda del rio famosos campos, cejas de monte y palmares que lo hermosean. La sonda como en la antecedente jornada: da el rio este dia tres vueltas, dos al N y una al S, y vuelve á su natural giro, que es el naciente.

El 30 caminamos 17 leguas, y en distintas partes se observan barrancas salitrosas, y en ellas el nuevo carril. La sonda, de siete cuartas lo menos, lo mas de cinco varas. Observamos á una y otra márgen del rio repetidas cejas de monte y barrancas salitrosas: da el rio repetidas vueltas de N á S, y una al poniente.

DICIEMBRE.

El 1.º de este mes caminamos 13 leguas: á las 6 leguas encontré con una rancheria de Mataguayos, á la parte del N, como unos 100: regaléles un poco de bizcocho, y caminé. Como á las dos leguas encontré con una rancheria de Tobas á la parte del S. Dijéronme que eran del pueblo que se estaba haciendo: serian como 200 de toda chusma, y habiéndoles pedido un indio para que acompañase á D. Josè Parrilla, por tierra, adonde estaba el Comandante General D. Francisco Arias, y darle aviso de mi llegada, franquearon indio y caballo, y dijéronme distaba el nuevo pueblo cinco leguas: regalélos, y á la media legua habia á la parte del N una rancheria de 100 Mataguayos. Arrojóse un Mataco tuerto al rio, pidiendo tabaco; metieron prisa á la canoa mis remeros, y no nos pudo dar alcance. En las márgenes este dia eran mas frecuentes las cejas de montes y algunos campos, y da vueltas el rio de N á S: la sonda de este dia, de siete cuartas. Al ponerse el sol paré en frente del nuevo pueblo de San Bernardo el Vertiz, que se principiaba á edificar: dejé mi canoa distante como media legua del pueblo, y pasé á ver al Señor Arias.

Recibíome este con alguna suspension; y preguntóme ¿como no venia el Comandante Cornejo? Informéle de su regreso á Salta y desistimiento de su empresa. Mandó dicho Señor se tomase sumaria informacion del suceso, y que interin se producia, yo y los mios nos mantuviesemos á raigo en dicho pueblo. Prodújose la informacion mandada, y por auto definitivo resolvió S. S. ser mi relacion verídica, y no haber embarazo para mi transporte: pero que, atendiendo al piadoso fin que me trajo, y que estos pueblos estaban escasos de operarios apostólicos, por no haber venido los curas doctrineros, me mantuviese en dicho pueblo para dar el pasto espiritual á los indios, y finalizados que fuesen, seguiría mi viage. Este mandato era en nombre del Exmo. Señor Virey de Buenos Aires, de quien en este particular tenia por cartas sus facultades. Obedecí el mandato.

Matúveme en el ministerio de la conversion, á que se me habia destinado en dicho pueblo de San Bernardo, hasta el 26 de Enero; en cuyo dia salí conduciendo en mi canoa, con mis prácticos y remeros, al Comandante General, y siete de sus oficiales, al pueblo de los Mocobíes de Dolores de Santiago: nos dimos á la vela el referido dia, como á las 11: dá el rio vueltas de N. á S. Como á las cuatro leguas á la parte del N habia una rancheria: manifestáronse algunos indios, mas ninguno llegóse junto á la canoa. Dá una vuelta el rio de una legua hácia el N: vuelve á su natural giro: paramos al lado del N, junto á un sitio que llaman la Laguna Quemada. La sonda de este dia, lo menos de tres varas, lo mas de seis. Caminamos 11 leguas: las márgenes del rio son cejas de montes y campos.

El 27, caminamos al salir el sol: á las 4 leguas á la parte del S, sale del rio una laguna grande: como á las 2 leguas hay en el rio una isla pequeña. Encontramos al lado del N una rancheria de Tobas, como de unos 200. Deja el rio el curso antiguo que corria al N, y rompe al oriente: anduvimos este dia 14 leguas: la sonda y márgenes del rio como en el antecedente dia: paramos media legua enfrente del pueblo de Dolores de Lacangayé, al que nos fuimos todos.

Mantúveme en este pueblo hasta que se hizo la colocacion de la iglesia, cuyo sermon prediquè; y habiendo mandado hacer el Comandante General una canoa, aunque pequeña, con la nuestra hicimos una balza, y en ella se embarcó S. S. en compañía de otros 18 mas, el dia 9 de Febrero del presente año á puestas del sol. Anduvimos media legua por causa del viento; la sonda, de tres varas.