No es posible calcular con la misma precision los trasportes por agua, por ser insuficientes los datos que nos han transmitido los navegadores del Bermejo. Ninguno de estos reconocimientos lleva el carácter de científico, y vano seria buscar en ellos los elementos necesarios para determinar el estado normal del rio, las causas y los efectos de sus alteraciones, la fuerza de las corrientes, los vientos periódicos ó dominantes, los auxilios ú obstáculos que presentan á la navegacion; siendo hasta problemática la verdadera profundidad de las aguas, que Morillo y Cornejo regulan, cuando menos, en 3 varas, mientras que Soria y Descalzi la reducen de 20 á 25 pulgadas.
En la imposibilidad de verificar estos cálculos, nos vemos obligados á preferir los mas desfavorables, aunque dudamos de su exactitud: y por consiguiente á los barcos de 8,000 arroba, que los primeros exploradores del Bermejo consideraron á propósito para esta navegacion, substituiremos las balandras de 25 á 26 toneladas, que necesitan menos fondo que el indicado por Soria.
Talvez convendria adoptar el principio, recien admitido en Francia por la Compañia general de la navegacion de los rios, etc., de aplicar á los trasportes maritimos las fuerzas locomotivas de los terrestres; estableciendo convoyes, ó tropas de barcos, como las hay de carretas, y poniendo al remolque de un buque de vapor muchos otros de carga, del mismo modo que un carro de vapor arrastra á los waggons en los carriles de fierro. De este modo se obtendria un grande ahorro en los gastos, y podrian reducirse notablemente las dimensiones de los barcos. Pero, aun cuando tuviesemos que circunscribirnos á los medios ordinarios de conduccion, siendo susceptibles los barcos (en nuestra hipótesis de ser de 25 á 26 toneladas) de recibir la carga de 14 carretas,[6] resultará que el flete de una balandra deberia subir á 3,525 pesos 6 rs. metálico, para igualar el de una tropa de carretas, lo que no necesita demostracion para probar que es imposible.
El costo principal de un barco de 25 toneladas, es de 4,500 pesos, al que no daremos mas duracion que 15 años, en los cuales se necesitarán otros 400 pesos anuales para conservarlo en buen estado de servicio.
Gastará pues el empresario de un barco, cada año:
| Interes de los 4,500 pesos invertidos en la compra del barco, al 1½ por ciento al mes | 810 | |
| Gastos de manutencion del barco | 400 | |
| Salario, y víveres de la tripulacion[7]1,500 | ||
| Derechos de peages, pasaportes, etc., para dos viages (suponiéndolos iguales á los que paga un tropero) | 532 | |
| ——— | — | |
| 3,242 | ||
| Los que multiplicados por | 15 | |
| ——— | — | |
| Dan un total de............... | 48,630 | |
| ===== | == | |
| Mientras el tropero, en el mismo periodo, tendrá que desembolsar cada ano | 3,525 | 6 |
| Los que multiplicados por | 15 | |
| ——— | — | |
| Dan un total de............... | 52,886 | 2 |
| ===== | == |
Pero con esto hará 15 viages redondos, cuando al otro realizará 30. Y no solo se conseguirá mas actividad en las transacciones mercantiles, lo que es de suma importancia en un pais donde el interes del dinero es tan alto, sino que se evitarán las averias tan frecuentes como perjudiciales en el actual sistema de conduccion.
Si no nos retrajese el temor de fastidiar con detalles minuciosos á los que solo se fijan en los resultados, probariamos que en esta larga y penosa travesia de Buenos Aires á Salta, casi no hay paso que no sea un tropiezo.
Sin poner en cuenta los temporales, los huracanes, las polvaderas por un lado, la falta de agua, de abrigo y de recursos por otro, son imponderables las dificultades que presenta el vado de los infinitos arroyos y cañadas que inundan todo el camino; sobre todo el de los rios de Santiago, del rio Pasage, del Tercero de Córdoba en el verano, de los arroyos de Buenos Aires en el invierno. Hay cañadas que no pueden transitarse en un dia, y en que los animales tienen que trasnochar, hundidos en el agua hasta el vientre. Cuando el viage es feliz se descargan dos veces las carretas en la provincia de Santiago, una tercera vez en Tucuman, y muy pocas son las tropas que llegan á su destino sin que se le vuelque algun carro, cuyos accidentes, ordinarios ó fortuitos, ocasionan crecidos gastos, trabajos y quebrantos.
Pero ¿de qué serviria ponderar mas los inconvenientes de los transportes terrestres, cuando son palpables las ventajas que ofrecen los marítimos? Los comprenderemos en pocos renglones para hacerlas mas evidentes.