El 9, como á las once del dia, se puso el barco en franquia, y caminando aquel dia y tres mas.

El 13 llegamos á las juntas del Rio de Sora, observando en nuestro Rio de Jujuy continuas vueltas de poniente á oriente; y en sus riberas sauzales y cejas de montes de pacaráes, cedros, lapachos, &a. Este Rio de Sora se hace famoso por sus aguas; son gustosas y saluberrimas, á mas de ser tan delgadas y esquilmadas. Nace este, como el antecedente, del Cerro de Calilegua, y dista ocho leguas de las antecedentes juntas, las que caminamos en cinco dias. Aquí paramos hasta el dia 16, y en este parage se calafateó parte del barco, y se le puso techo de palos de sauces y cueros. Dista el Rio de Sora del de Ocloyas, por tierra, 4 leguas. Tiene el Rio de Sora su ingreso al oriente en el de Jujuy.

El 17, como á las once del dia, salimos de las juntas de Sora, y caminando este con cinco dias mas, y encontrando dilatadas playas el 23, llegamos al rio que llaman de las Piedras: habiendo observado en estas márgenes pasadas los mismos cañaverales, sauzales y montes, que antes se han notado en los demas rios, y á sus riberas mucha palizada, que arrebata en tiempo de sus crecientes, distando estas juntas de las pasadas 13 leguas. Hasta aquí ha tenido de sonda el Rio de Jujuy, (que es el de nuestra navegacion) media vara de agua, siendo sus playas continuadas. Debe este Rio de las Piedras sus caudales al citado Cerro de Calilegua: dista del de Sora 7 leguas por tierra.

El 24 salimos de estas juntas de nuestro rio. El 27 llegamos al Rio Seco: no tributa este anuales pechos al de Jujuy, porque siendo sus arenales excesivos por donde pasa, convierte sus aguas en propia substancia, dando mérito á llamarle Seco, pues solo pecha en tiempo de crecientes; debiendo su origen al ya citado Cerro de Calilegua. Dista este rio 9 leguas por agua del de las Piedras, y cinco por tierra. A la entra de este rio con el de Jujuy, á la parte del poniente, observamos una barranca de tierra gredosa y colorada, de altura de 16 varas, y de longitud de media cuadra. En las márgenes de nuestro rio se hallan famosas cejas de montes de todas maderas: continúan sus playas, y la sonda de estas poco mas de media vara.

El 27, saliendo de esta jornada, y siguiendo nuestro rio, el dos de Octubre llegamos al rio que llaman Colorado. Debe este su ser al expresado Cerro de Calilegua, y al tributar este aguas al de Jujuy, forma una grande laguna al lado del poniente. Tiene á sus riberas gran copia de maderas que arrebata el rio en sus crecientes: es este rio muy pantanoso, y con dificultad lo pasan á caballo en sus pasos. Su sonda en la entrada tiene poco mas de cuarta de agua, y esta es encarnada como sangre: dista esta junta de la antecedente 8 leguas por agua, y por tierra 5.

En estas juntas paramos dia 3 y 4, sin haber podido aventurar mas camino que dos cuadras, pues la sonda de sus playas no llegaba á cuarta de agua. Esta noche determinó el Capitan comandante, que fuese uno á reconocer la distancia que habia al Rio de Tarija, y las playas del nuestro de Jujuy; y ofreciéndome yo á esta empresa, y pidiéndole me diese alguna regalia para gratificar los indios que encontrase, respondiome: no traia mas que pólvora y balas. Y haciéndole presente ser preciso el cebo del regalo para sosegar á los indios, respondió: que si los demas entraban en sus conquistas con regalos, él no.

El 5, como á las ocho de la mañana, salí con el práctico Francisco Miguel Guzman, en una pequeña canoa, quedando en este lugar dicho Capitan comandante, con ánimo de caminar paulatinamente, y siguiendo aguas abajo el Rio de Jujuy: á las nueve de la noche llegué á las juntas del Rio de Tarija, con distancia de 12 leguas de donde dejé el barco.

El 6, habiendo reconocido las juntas de dichos rios, caminé dos leguas mas abajo, ya incorporados, reconociendo sus playas, y en estas tenian de sonda seis cuartas; y en los demas, de á cuatro y cinco varas. Regresé á buscar mi expedicion, rio arriba de Jujuy, y paramos entre unos sauzales á hacer noche.

El 7, á las cinco de la tarde, llegué á donde estaba el barco, que solo habia caminado una legua escasa. A mi llegada, con las nuevas favorables que dí de ser el rio navegable desde las juntas con el de Tarija, se hizo una salva. Dijo el práctico Guzman al Capitan que de allí en adelante, hasta llegar á las juntas del Rio Tarija, por causa de sus playas, gastaria cerca de un mes: que ya no habia mas que una petaca de bizcocho y otras dos menos de media, y de charque muy poco: que el camino era dilatado, que precisaba proveerse de comida, porque en adelante no habia esperanzas de hallar auxilios, y que le avisaba esto, porque era de su obligacion.

Impuesto de todo el Capitan comandante, con consejo de los demas, determinó mandar letra al capitan del real Presidio de Centa, D. Rafael Arias, para que le diese socorro. No sabimos de cierto donde caia dicho presidio; y haciéndome cargo de la presente necesidad, me ofrecí á practicar esta diligencia: y el dia 8, al romper el sol, salí en una canoita en compañia de dicho práctico y un muchacho llamado Quinteros. Tiré con estos rio abajo, buscando las juntas del Rio de Tarija, para que por él me pudiese conducir rio arriba á mi destino.