¿Qué es, finalmente, el ente? Lo ignoras como antes. ¿Qué hiciste con tus silogismos? No probaste que el hombre es ente, que es lo que primero te había pedido; antes, ya subiendo, ya bajando por tu línea, para que me aproximaras aquel altísimo ente, quedóse tan en el aire que a poco más nos aplasta a ti y a mí en su caída; finalmente, dejásteme la cuestión tan dudosa como antes o más.
Y al parecerte siempre que te probabas sólo las primeras proposiciones, no tocaste a las segundas. Y si hubieses probado las primeras y hubiésemos llegado a las segundas, ¿cuánto más no tropezaras en éstas?
¿A qué, pues, engañarse con tales encadenamientos de palabras?
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Yo lo diré con más claridad.
Ente lo significa todo: hombre, caballo, asno, etcétera; luego el hombre es ente, como también el caballo y el asno.
Si me niegas lo primero, no lo probaré, pues no sabría. Pruébalo tú, si sabes. Tú tampoco. Nada, pues, sabemos.[7]
Poco valor de los silogismos.
Vuelvo a los silogismos, cuya ciencia sutilísima cayó toda.
Dije yo arriba: los nombres, unos son comunísimos, como ente, verdad; otros menos comunes: sustancia, cualidad; otros particulares: Platón, Mitrídates.