¿Cómo sucede todo esto? Es menester conocer la naturaleza de cada una de tales cosas antes de conocer dignamente al hombre.

Y además, porque el hombre se nutre, crece, vive, raciocina, engendra, se corrompe, hase de preguntar inmediatamente del alma y de sus facultades.

Por igual razón también hay que inquirir de las plantas con qué alma viven; de los animales, de los seres inanimados. ¿No es la misma la ciencia de los contrarios? La generación y la corrupción ¿quién las hace? Las cualidades contrarias. Pues inmediatamente se pregunta de éstas, de los elementos, de los cuerpos superiores, de la introducción del alma, de la introducción de las formas, de la acción y de la pasión; de la cualidad, de la cantidad, de la situación, de la relación; por qué se siente, engendra y calienta. Además, aquello por qué está en descanso; lo otro, por qué es en un instante; esto, por qué es en el tiempo; hase de ver qué es tiempo y espacio e inmediatamente saber de los cielos y de sus movimientos, pues el tiempo es, (dice Aristóteles, aunque mal, como veremos después) número y lugar, según que tiene sucesión y extensión.

Puesto que el movimiento se mueve en línea recta y hacia abajo, debe preguntarse qué es hacia arriba y qué hacia abajo; cual es el centro del mundo, cuales los polos, y sus demás partes.

Porque vemos, y esto mediante la luz, pregúntase inmediatamente de los colores, de las imágenes, de la luz, del sol y de los astros.

Porque existe el cuerpo y es en el lugar, pregúntase del cuerpo, de la sustancia, del espacio y del vacío.

Porque el espacio dícese finito, de lo finito y de lo infinito.

Porque el cuerpo engendra y es engendrado, inmediatamente de todas las causas basta la primera.

Porque el hombre raciocina, del alma intelectiva y de sus facultades, de la ciencia y de lo cognoscible, de la prudencia y de los demás hábitos.

Porque mata, porque nunca vive contento, porque expone a la muerte la vida por la patria, porque socorre a enfermos y necesitados, suscítanse las cuestiones del bien y del mal, del último y sumo bien, de la virtud y del vicio, de la inmortalidad del alma.