Toda la lobreguez que hay en las cosas es mínima, si se compara con los obstáculos de parte del cognoscente.
El cual, si estuviese dotado de perfecto y agudísimo ingenio y de sentido sin tacha, tal vez podría vencerlo todo (concediéndote esto gratuitamente, pues no podría aunque lo hubiese todo perfectísimo).
Pero ahora se ve lo contrario.
Dijimos en la definición de la ciencia que la ciencia es conocimiento, en el cual se consideran tres cosas. La cosa conocida, de la cual se habló arriba; el cognoscente, de que se hablará abajo, y el mismo conocimiento, que es el acto de éste sobre aquélla.
Ahora trátase de éste, del sujeto que conoce. Pero lo más brevemente que podamos; porque su propio lugar es el tratado del alma.
Y en efecto: es dificilísima y llena de perplejidad la contemplación del alma, de sus facultades y acciones, principalmente en este conocimiento que buscamos ahora. No habiendo nada más digno que el alma, nada hay tampoco más excelente que este único conocimiento. El cual, si lo tuviera perfecto, fuera semejante a Dios; más bien Dios mismo, Y nadie puede conocer perfectamente lo que no crió. Y ni Dios hubiese podido criar ni regir lo criado si no lo hubiese preconocido perfectamente.
Sólo Él, pues, sabiduría, conocimiento, entendimiento perfecto, lo penetra todo, todo lo sabe, todo lo conoce, todo lo entiende; porque Él es todas las cosas y está en todas, y todas son Él y están en Él.
Pero el imperfecto y miserable hombrecillo, ¿cómo conocerá otras cosas no pudiéndose conocer a sí mismo que está en sí y consigo? ¿Cómo entenderá lo abstrusísimo de la naturaleza, entre lo cual hállase lo espiritual, como es nuestra alma, cuando no entiende lo clarísimo y manifestísimo que come, que bebe, que toca, que ve, que oye?
Ciertamente, lo que pienso ahora, lo que escribo aquí, ni yo lo entiendo ni tú, leído, lo entenderás, Juzgarás, no obstante, por ventura que lo he dicho con verdad y rectitud. Yo estimo lo mismo. Pero ninguno de los dos sabemos nada.
Por consiguiente, sin razón llama Escalígero, aunque doctísimo varón, absurdo a Vives porque dice que la perscrutación de la naturaleza, que hace la mente, está llena de obscuridad. Antes yo, si la opinión de Vives es absurda, quiero ser absurdísimo. Pues yo no sólo juzgo semejante perscrutación llena de obscuridad, sino tenebrosa, escabrosa, abstrusa, inaccesible, tentada por muchos y por nadie superada ni superable.