Tal vez Escalígero, como era de agudísimo ingenio, la tuvo fácil. Y ciertamente trató del alma muy hermosamente y con mucha sabiduría, como de tantas otras cosas en que se ocupó. Pero no del todo absolutamente, no con orden, no totalmente. Muchas cosas dijo que engañan la mente con la exterior ampulosidad de las palabras e, ingeridas copiosamente, parece que amortiguan el hambre, pero escudriñadas hondamente, por fin dan engaño y dejan la cuestión tan difícil como antes, como mostraremos en su lugar.
El conocimiento.
Mas ahora sujetémonos al negocio que interesa de presente.
¿Qué es conocimiento? La aprehensión de la cosa. ¿Qué es aprehensión? Apréndetelo de ti, pues yo no puedo ingerírtelo todo en la mente. Y si insistes diré: intelección, perspección, intuición. Si sigues preguntándome de estas últimas cosas, callaré. Distingue, no obstante, la aprehensión de la recepción; pues recibe el perro la imagen del hombre, de la piedra, de la cantidad; pero no conoce. Y aun recíbela nuestro ojo y tampoco conoce. Recíbela el alma muchas veces y no conoce, como cuando admite lo falso, cuando se ofrecen a un ingenio tardo cosas obscuras.
Distingue también el conocimiento propiamente dicho que ahora describimos, pero que no conocemos, de otro impropiamente dicho, por el cual dícese que conoce cada cual aquellas cosas que vió en otra ocasión y retiene en la memoria ornadas con las propias señales. Pues con este conocimiento dícese que conoce el niño al padre y al hermano, y el perro al dueño y el camino por donde fué.
Divide, después, todo conocimiento en dos: Uno perfecto, por el cual se contempla y entiende la cosa por todas partes, por dentro y por fuera, y ésta es la ciencia que ahora quisiéramos conciliar con los hombres, pero que ella no quiere. Otro imperfecto, por el cual apréndese la cosa de cualquier manera. Y éste nos es familiar. Pero es mayor, menor, más claro, más obscuro y, finalmente, dividido en varios grados, según los varios ingenios de los hombres.
Este segundo conocimiento lo hacen doble.
Uno externo, que se hace por los sentidos y le llaman, por consiguiente, sensual; otro interno, que es por sola la mente, pero nada menos que eso.
De otra manera se han de considerar estas cosas.
El hombre es un solo cognoscente. Uno solo el conocimiento en todas estas cosas; pues es una sola la mente que conoce lo externo y lo interno.