Del mismo modo, si presentas a los ojos el dedo, pero no lo miras, sino que atiendes a aquellas cosas que están o detrás de él o a sus costados, aparecerá doble.
Lo mismo sucederá si converges ambos ojos a la nariz; todo se verá doble.
Movido un ojo, lo que se ve parece que se mueve. Y aun de dos cosas aparentes muévese la una estando quieta la otra. Y una se mueve a la derecha, otra a la izquierda si, mirando al libro, mueves continuamente los ojos por sí mismos sin ayuda del dedo, mirando sólo las líneas y no leyendo.
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Añádese también a estas cosas la posición del ojo, hundido o saltón, por naturaleza o por accidente. De las cuales situaciones hay mucha diversidad en el ver. Y mucho más si uno está hundido y el otro prominente. Y también si el uno mira arriba y el otro abajo; pero aquí hay manifiesto error. Pero cuando ambos están hundidos o ambos saltones, ninguno.
A la situación de los ojos refiérese también la mayor o menor abertura u oclusión del párpado.
Si miras una luz, guiñando los ojos, aparecerán muchos rayos que se extienden hasta los ojos y se mueven conforme al movimiento de los párpados; si los abres totalmente, se paran y no son tan largos.
Baste esto a modo de ejemplo, de lo cual podrás tú conjeturar y experimentar otras muchas cosas.
Los colores se mudan por la varia posición de los ojos no menos que por la varia posición del objeto que se ha de ver y del medio; pero ya se dijo.
Todo esto tal vez lo tienes tú en poco y no piensas que pueda impedir la ciencia. Pero no es así. Pues estas cosas movieron a muchos para que dudasen también de todo lo que aparece a los sentidos y creyesen que los colores no son permanentes en las cosas, sino que son hechos y variados por la luz. De lo cual se habló por nosotros en otra parte, como verás; pero vayamos ya a la substancia.