En el aire denso todo aparece obscuro, pequeño. En el tenue, al contrario.

En el prado todo se hace verde. Cerca de lo rojo y de lo amarillo los cuerpos se tiñen con estos colores.

En la mucha luz no se puede ver, principalmente los cuerpos blancos o los muy brillantes. En las tinieblas, menos. Acerca de éstas y de aquélla todo son dudas o errores. ¿Cuál es el medio? Desígnalo tú.

Pero también en el aire iluminado por fuegos artificiales vense unos y otros colores y otras figuras, según la variedad de la materia del fuego.

Si el medio es el vidrio o el cristal, vese la cosa de una o de otra manera, según los colores de aquéllos y las varias figuras y densidad.

Éstos son los medios por cuyo intermedio se ven las cosas. Y unos las muestran por su superficie. En éstos no hay consistencia alguna. ¡Cuántas figuras monstruosas, ridículas, multiplicadas, invertidas, truncadas! ¿Qué no fingen los espejos? ¿Qué juzgarás de éstos? ¿Ves aquella figura? No existe; ¿cómo la ves? Y, no obstante, la ves; ¿cómo es ello? Lo ignoras no sin razón.

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Pasemos ya al medio interno, en el cual acontecen tantas dificultades.

Levantado un ojo o atravesado, se ven dos cosas (aunque sintió lo contrario Aristóteles). De donde es de extrañar que los que padecen estrabismo no vean dobles todas las cosas. Pero daremos la razón en el examen de las cosas.

Sucede lo mismo si, acostándote de lado, tienes delante de ti algún cuerpo que tape el ojo inferior; pues entonces el ojo superior verá todo lo que está debajo de aquel cuerpo; pero el otro sólo aquel cuerpo y no distintamente, sino como en nubes; y así, mirando un ojo lo que está detrás del cuerpo y el otro el mismo cuerpo, parece que vemos a la vez dos cuerpos, de los cuales el uno está sobre el otro. Y experimentarás todavía mejor esto si moviendo un ojo hacia el ángulo exterior miras lo que está de lado. Pues entonces, dirigiendo allí el otro ojo, se pone de por medio la nariz y aparece que se sobreponen a modo de sombra las cosas que son vistas por el otro ojo.