Y no es esto sólo. Si ves de lejos, lector, un palo medio sumergido en el agua, aparecerá torcido y roto. Dirás que, sin embargo, está entero, porque lo has experimentado de otra manera. Y si está roto, aparecerá, no obstante, roto, pues no vale aquí la razón de los contrarios. Afirmarás que está entero por la anterior razón, y sin embargo, es falso. ¿Qué harás si no puedes sacarlo del agua? Quedarás en duda.
Y en los colores cuánto importa la situación lo muestra el iris, un vaso de cristal lleno de agua, la paloma irisada, las telas de seda tejidas de diversos colores, la proximidad de un cuerpo luminoso de otro color (como también si sobrepones perpendicularmente a un plano una lámina de oro o de plata, y mucho más si la inclinas hacia abajo); lo cual, todo, movido acá y allá, presenta muy vario color.
¿En qué posición, dirás, tienen el verdadero color?
En la misma parte unas veces aparece rojo, otras amarillo, luego azul. ¿Cuál de estos colores es el más propio? Sólo podemos dudar.
***
Y que el número, la figura, el movimiento y la magnitud varían por la variación del sitio (en cuanto al sentido entendemos, no en sí) no hay por qué lo mostremos prolijamente, porque puedes experimentarlo por el uso cuotidiano.
Y baste esto del sitio.
***
Es necesario que la varia disposición del medio varíe aquellas cosas que por él nos son ofrecidas.
Ya en parte lo dijimos.