DEL COMENDADOR REQUESENS,
EN 20 DE FEBRERO DE 1574, DESDE AMBÉRES,
CON DON GONZALO DE BRACAMONTE.
Muy magnífico señor: Recibí la carta de v. m. de 3 de éste, y por otra mia habrá visto cuán informado estoy de lo bien que ha servido á S. M., y pésame de que la gratificacion no haya sido la que v. m. merece, y yo no faltaré de procuralla en lo que por mi parte pudiere, y agora es tiempo que todos atendamos á servir como sé que v. m. lo hará.
Ya habia sabido la gente que se llevó para rehacer las compañías de su regimiento, porque luégo que me encargué de este Gobierno se me pidió licencia para ello, y huelgo de saber que sea ya llegada, y he dado órden que sea socorrida como las demas, y al contador Castellanos que demas de esto envie una paga en paños para ese regimiento, confiando que v. m. dirá claramente, con muestra y sin ella, la gente de servicio que tiene, pues aunque en cualquier tiempo se ha de hacer esto, así mucho más en el que agora estamos, que la necesidad que S. M. tiene de gente y dinero es tan grande; placerá á Dios de remedialla, que guarde, etc.
AL CORONEL FRANCISCO VERDUGO,
DEL COMENDADOR REQUESENS,
EN 22 DE JUNIO DE 1574, DESDE AMBÉRES.
Muy magnífico señor: Ayer tarde me dió el alférez de v. m. su carta de 18 de éste, y ántes habia recibido la de 13, y á entrambas responderé en ésta, y comenzando por lo que v. m. dice de la necesidad que pasa su regimiento y lo que desea que se le tome muestra y dé algunas pagas, ó que se despida, y lo que v. m. discurre sobre el trabajo que ha pasado y servicios que ha hecho, digo que de éstos y de las partes que concurren en la persona de v. m., tengo yo tan particular relacion, que me ha obligado á escribillo más de una vez á su Majestad despues que estoy en este Gobierno, y á desear ocasiones en que mostrar á v. m. la satisfaccion que de ello tengo. Pero las que se me han ofrecido en las necesidades de por acá han sido de manera que no puedo remediar, como deseo, las de todas partes, y á ningunas se ha acudido primero que á las de Holanda, porque soy seguro que en siete meses que há que yo estoy en este Gobierno, se han inviado sólo á ella más de 700.000 florines, y los 200.000, ó muy pocos ménos, han sido desde fin de Abril hasta mediado Junio; y el repartimiento de ellos ha ido de acá conforme á las relaciones que han dado los contadores, porque yo no puedo ver tan particularmente las cuentas como querria, y de que de su yerro haya alcanzado parte al regimiento de v. m., me pesa á mí mucho. Pero creo que de las baxas que habrá habido en otras cosas, para que iban las relaciones muy largas, se pudiera haber suplido algo de eso, como yo lo he escrito al Conde de la Rocha y contador Alameda. Quien supiere que se pagó á los amotinados mucho más de lo que se les debia, está claro que le ha de parecer que es más justo, como en efecto lo sería, que se haga lo mismo con los que no se amotinaron, y ninguna cosa deseo yo tanto como podello hacer así. Pero el mismo motin, de que han nacido mayores inconvenientes aún de los que allá se pueden representar, me ha imposibilitado á todo lo demas, y me forzó, habiéndose apoderado de Ambéres y del dinero, y por consiguiente, de todos los estados, á redimir aquella vexacion como pude, y ésta es materia más larga de la que se puede discurrir en carta; basta decir que del trabajo en que agora estamos y de todos los que hubiere en estos Estados, son causa los que se amotinaron, y que fué fuerza pagalles y perdonalles, y lo es tambien cumplilles la palabra, pues se les dió, si bien la culpa es la mayor, que no digo españoles, pero gente de ninguna nacion tuvo jamas á su Príncipe.
Yo no vine á este Gobierno por mi voluntad, sino habiéndome hecho el Rey, nuestro señor, fuerza despues de habello rehusado más de un año, que muy bien supe cuán mayor carga tomaba de la que nadie podia llevar, segun en el término que hallé las cosas de aquí. Pero sabiendo esto, vine porque no pude excusar de obedecer como quiera á mi Príncipe y señor natural, despues de habelle representado muchas veces los inconvenientes que en esto habia.
Hallé tantos millones de deuda en estos Estados, y tantos de costa ordinaria, y tan poca ayuda en ellos, que con haber hecho el Rey, nuestro señor, muy largas provisiones, no han bastado, y este motin y el exemplo que de él han tomado las otras naciones para hacer lo mismo, y otras cosas que por nuestros pecados han sucedido, me han puesto en tan extrema necesidad, que no puedo acudir á todas, como querria; si bien hago todas las diligencias que humanamente puedo, y Dios sabe la afliccion que tengo de que éstas no aprovechen.