—De allí vengo.
—¿Están allí todavía?
—Sí.
—¿El ayudante del comisario también está?
—Estaba hace un momento. ¿Qué es lo que usted desea?
Raskolnikoff no contestó y se quedó pensativo.
—Ha venido a ver el cuarto—dijo uno de los operarios.
—¿Qué cuarto?
—En el que trabajábamos. «¿Por qué se ha lavado la sangre?», nos ha dicho. «Aquí se ha cometido un asesinato y vengo para alquilar el cuarto.» Se puso a tirar de la campanilla. «Vamos a la oficina de policía», añadió después; «allí lo diré todo».
El portero, preocupado, contempló a Raskolnikoff frunciendo las cejas.