—No, todo lo contrario; siempre se mostraba muy paciente y hasta cortés en ella. En muchos casos, daba pruebas de demasiada indulgencia, y esto durante siete años. Por lo visto le ha faltado, de repente, la paciencia.

—De modo que no era un hombre tan terrible, puesto que la ha soportado durante siete años. Parece que le disculpas, Dunetshka.

La joven frunció el entrecejo.

—Sí, sí, es un hombre terrible. Yo no puedo representármelo más detestable—respondió casi temblando, y se quedó pensativa.

—Había ocurrido esta escena por la mañana—continuó Pulkeria Alexandrovna—. Inmediatamente después Marfa dió orden de enganchar, porque quería ir a la ciudad después de comer, según tenía por costumbre en ocasiones semejantes. Según se dice, comió con mucho apetito.

—¿A pesar de los golpes?

—Estaba ya acostumbrada a ellos. Al levantarse de la mesa fué a tomar el baño para marchar cuanto antes. Se trataba por la hidroterapia; hay una fuente en su casa y se bañaba todos los días. Apenas se metió en el agua, le dió un ataque de apoplejía.

—No es extraño—observó Zosimoff.

—¡Como su marido le había pegado tanto!

—¿Qué importa eso?—dijo Advocia Romanovna.