—Siempre he sido así—dijo.
—¿También cuando vivía usted en casa de sus padres?
—Sí.
—Es claro—dijo bruscamente.
Operóse de nuevo un repentino cambio en la expresión de su rostro y en el sonido de su voz.
Después dirigió una nueva mirada en derredor suyo.
—¿Vive usted en casa de Kapernumoff?
—Sí.
—¿Viven ahí, detrás de esa puerta?
—Sí. Su habitación es completamente igual a ésta.