—¿Oh? ¿Con qué arma has matado?
—Con una hacha. La llevaba prevenida.
—¡Eh, qué apresuramiento! ¿Solo?
Mikolai no comprendió la pregunta.
—¿No tienes cómplices?
—No. Mitka es inocente. No ha tomado la menor parte en el crimen.
—No te apresures tanto para disculpar a Mitka. ¿Acaso te he preguntado acerca de él?... Sin embargo, ¿cómo se explica que los dvorniks os hayan visto bajar corriendo la escalera?
—Corrí adrede detrás de Mitka porque de ese modo pensé evitar sospechas—respondió el preso.
—Está bien. Basta—gritó Porfirio encolerizado—; no dice la verdad—murmuró en seguida como aparte, y de pronto sus ojos se encontraron con los de Raskolnikoff, cuya presencia había evidentemente olvidado durante este diálogo con Mikolai.
Al fijarse en su visitante pareció que se turbaba el juez de instrucción y dirigiéndose a él le dijo: