—Según parece, es usted jugador.
—¿Jugador yo? No diga usted eso; diga usted más bien que soy un tahur.
—¡Ah! ¿usted hace trampas en el juego?
—Sí.
—Habrá recibido usted alguna vez bofetadas.
—Sí, alguna que otra. ¿Por qué me pregunta usted eso?
—Pues bien; podría usted batirse en duelo. Eso produce sensaciones.
—No tengo ninguna objeción que hacer a usted. Además, yo estoy poco fuerte en discusiones fisiológicas. Confieso que si he venido aquí, es sólo por las mujeres.
—¿En seguida de haber enterrado a Marfa Petrovna?
Svidrigailoff se sonrió.