Y se dirigió hacia el Mercado del Heno.

IV.

Raskolnikoff se puso a seguirle.

—¿Qué significa esto?—preguntó, volviéndose, Svidrigailoff—. Creo haberle dicho a usted...

—Esto significa que estoy decidido a acompañarle.

—¿Qué?

Los dos se detuvieron, y durante un minuto se midieron con la vista.

—En la semiembriaguez de usted—replicó Raskolnikoff—me ha dicho lo bastante para convencerme de que, lejos de haber renunciado a sus odiosos proyectos contra mi hermana, le interesan más que nunca. Sé que esta mañana mi hermana ha recibido una carta. ¡No ha perdido usted el tiempo desde su llegada a San Petersburgo! Que en el curso de las idas y venidas de usted se haya encontrado una mujer, es cosa posible, pero esto nada significa, y deseo convencerme por mí mismo...

Probablemente Raskolnikoff no hubiera sabido decir de qué cosa quería convencerse.