—Sí—respondió Raskolnikoff.

—¿Hay sopa?

—Algo queda de ayer—respondió Anastasia que no había salido de la habitación durante toda esta escena.

—¿Sopa de arroz con patatas?

—Sí.

—Estaba seguro de ello. Ve a buscar la sopa, y danos también te.

—Bueno.

Raskolnikoff miraba a su amigo con profunda sorpresa y terror estúpido. Resolvió callarse y esperar.

—Me parece que no deliro—pensaba—; todo esto es muy real.