Por esta gente supimos que aquellos de la isla referida eran caníbales y que comian carne humana. Salimos de este Golfo y costeamos la tierra viendo siempre mucha gente, y cuando teniamos ocasion tratábamos con ellos dándonos de lo que tenian. Todos van desnudos como nacieron sin tener verguenza de ello; si á este respecto fueramos á referirlo todo, sería entrar en deshonestidades que es mejor callar. Despues de haber navegado cerca de cuatrocientas leguas contínuamente por la costa concluimos que esta era tierra firme, que juzgué el confin del Asia por la parte de Oriente y el principio por la de Occidente; porqué muchas veces tuvimos ocasion de ver varios animales como leones, ciervos, jabalies etc.
Internándonos un dia con veinte hombres, vimos una serpiente de cerca ocho brazos de largo y gruesa como mi cintura. Muchas veces pude ver animales feroces y grandes serpientes y navegando por la costa cada dia descubriamos infinita gente que hablaban diferentes idiomas, al extremo que, despues de haber navegado las cuatrocientas leguas, empezamos á encontrar gente que no querian nuestra amistad y nos esperaban con sus armas que eran arcos y flechas y otras mas: y cuando ibamos con las lanchas á tierra nos prohibian saltar á ella de modo que nos veiamos obligados á combatir con ellos, aunque siempre al fin de la batalla, quedaban mal parados, pues como estaban desnudos haciamos en ellos gran matanza, así muchas veces nos sucedió que diez y seis de los nuestros combatiesen con doscientos de ellos desbaratándolos al fin. Una vez vimos muchisima gente dispuesta á impedirnos que bajasemos á tierra, armamos veintiseis hombres y fuimos con las barcas cubiertas para defendernos de las saetas que nos tiraban, pues siempre herian algunos de los nuestros antes que pudieramos saltar en tierra. Apesar de haber hecho una defensa obstinada, pisamos la tierra y combatimos con ellos con grandísimo trabajo, pues no habiendo esperimentado aun nuestras espadas, estaban envalentonados con su superioridad numérica, cargándonos con tal ímpetu que nos hicieron retroceder. Pero uno de nuestros marineros dirigió algunas palabras de aliento á los otros haciéndolos volver al combate con lo cual pusimos á los indígenas en fuga, matando ciento cincuenta de ellos y quemándoles sus casas: como casi todos nos hallábamos heridos, nos volvimos á los buques y nos refugiamos en un puerto, donde estuvimos veinte dias para que el médico pudiera curar á los heridos, que salvaron todos menos uno, cuya herida era en el pecho. Volvimos á nuestra navegacion y dimos con una isla que estaba separada de la tierra como unas quince leguas; bajamos á ella y hallamos un camino por donde nos internamos hasta llegar á una poblacion en la cual no había sinó algunas mujeres de colosal estatura, que nos recibieron amablemente; tentados estuvimos de llevarnos dos de ellas para presentar al Rey como cosa sobrenatural, pero desistimos de ello al ver llegar algunos hombres tambien de colosal estatura y armados como hasta ahora no habíamos visto, á quienes persuadimos que estabamos en disposicion de paz y nos volvimos á los buques sin mas consecuencia. Notamos que la mayor parte de los árboles de esta isla son de campeche y tan buenos como los de Oriente. De esta isla pasamos á otra cercana en la cual habia de particular que las chozas estaban construidas sobre el mar como en Venecia y fuimos á verlas: quisieron sus habitantes impedirnos la entrada, pero habiendo probado como cortaban las espadas, nos dejaron entrar. Hallamos en esas casas mucho algodon finísimo; hicimos provision de esto y de campeche y volvimos á los buques. Sin que sea exajeracion puedo aseguraros que estas producciones son aquí tan abundantes que podrian cargarse con ellas todas las naves de Europa. Continuamos navegando como unas trescientas leguas, en cuya navegacion notamos que las poblaciones hablaban muchas lenguas distintas; admirándome de que se haya dicho que en el mundo no hay sinó setenta y siete lenguas. Hallándonos con los buques muy averiados, la tripulacion cansada y faltos de provisiones, resolvimos arribar á la Isla Española, aquella que descubrió Colon seis años hace.
Y como ella está habitada por cristianos esperabamos hallar auxilio para reparar nuestras naves, dar reposo á las tripulaciones y proveernos de lo necesario, pues de esta isla á Castilla hay mil trescientas leguas de mar sin encontrar tierra alguna. Alli estuvimos cerca de dos meses y antes de partir descubrimos todavía muchísimas islas todas pobladas de gente pacífica. Se tomaron doscientos prisioneros y tratamos de regresar á España, habiendo llegado en sesenta y siete dias á las Islas Azores, de donde pasamos á las Canarias y de ellas á Cádiz. Empleamos en este viaje trece meses, corriendo muchos peligros y descubriendo mucha tierra del Asia y gran cantidad de islas, casi todas habitadas, habiendo hecho la cuenta de haber navegado mas de cinco mil leguas. En conclusion, pasamos la Línea Equinoccial en seis y medio grados y volvimos á la parte del norte en que la estrella polar se alza sobre nuestro horizonte treinta y cinco grados y medio y á la parte de Occidente navegamos ochenta y cuatro grados contados del meridíano de Cádiz. Recogimos en este viaje perlas y oro, entre ellas dos piedras una color de esmeralda y otra de amatista durísima, de un medio palmo de largo y de tres dedos de grueso. Estos Reyes han hecho gran aprecio de ellas y las han guardado entre sus joyas; trajimos un pedazo de cristal que algunos joyeros dicen que es berilo y segun decian los indios habia alli gran cantidad de ella. Tambien trajimos catorce perlas encarnadas que mucho contentaron á la Reina y muchas otras piedras; de todas estas cosas no trajimos gran cantidad por no habernos demorado mucho en ningun paraje. En Cádiz vendiéronse los esclavos y á pesar de eso muy poco fué lo que á cada uno tocó de las utilidades del viaje, pero todos se contentaron de haber salvado de los peligros que corrimos. En cuanto á mí, cogí unas tercianas de las que espero salvar porque no tengo escalofrios. Están armándome tres naves para que vaya nuevamente á descubrir y creo que estarán prontas á mediados de Setiembre próximo. Quiera Dios darme salud y buen viaje que otra vez espero traer grandes noticias y descubrir la isla Trapobana que está entre el mar Indico y el mar Gangético, y despues espero volver á la Pátria y descansar pasando allí mi vejez.
He pensado Magnífico Lorenzo, enviaros dos figuras de la descripcion del mundo hechas y ordenadas por mi propia mano, las que serán una carta en figura plana y un Mapa Mundi en cuerpo esférico, las cuales enviaré por mar á cargo de Francisco Lotti, nuestro fiorentino, que se halla actualmente aquí y creo que os agradarán, pues poco tiempo há, hice uno de estos para S. S. A. A. estos Reyes y lo estiman mucho. Era mi ánimo ser yo mismo el portador, pero me lo impide la resolucion de ir nuevamente á descubrimientos. No falta en esa ciudad quien comprenda la figura del Mundo y que tal vez quiera enmendar alguna cosa en esa obra; pero ruego se espere á mi regreso, que podré defenderme.
Creo que V. M. habrá sabido ya las noticias que ha traido la flota, que hace dos años, el Rey de Portugal mandó á descubrir por la parte de Guinea. Tal viaje como ese no lo llamo yo descubrir sino andar por lo descubierto, porque como lo vereis por la figura, su navegacion es de contínuo á vista de tierra y recorren toda la costa de Africa por la parte Austral, que es andar por una vía de la cual hablan todos los autores de la Cosmografía. Cierto es que la navegacion ha sido de gran provecho, lo que vale mucho en estos tiempos de codicia y máxime en este país donde mas desordenadamente reina. Entiendo ya que han pasado al Mar Rojo y han llegado al Seno Pérsico, á una ciudad que se llama Calcuta, que está entre el Seno Pérsico y el rio Indico; nuevamente han vuelto para el Rey de Portugal doce naves con grandísimas riquezas, habiendo enviado otras naves á las mismas regiones y por cierto que harán gran cosa si llegan á salvamento.
Estamos á 18 de Julio de 1500 y no habiendo mas de que hacer mencion, Nuestro Señor guarde la vida y el magnífico Estado de Vuestra Señoría y Magnificencia.
De V. M. Servidor:
Américo Vespucio.