[II.]
CARTA DE AMÉRICO VESPUCIO,
Á PEDRO SODERINI.
Magnífico Señor: Despues de la humilde reverencia y debida recomendacion etc. Tal vez V. M. y notoria sabiduría se admirará de la temeridad con que oso escribirle tan minuciosamente, teniendo su atencion ocupada siempre en los consejos y negocios del buen gobierno de esa Excelsa República, y me tendrá por presuntuoso y vano por ponerme á escribirle cosas impertinentes á vuestro Estado, que ni tampoco son recreativas y que fueron ya referidas á Fernando Rey de Castilla; pero la confianza que tengo en vuestra indulgencia y en la novedad de mis noticias, que no se encuentran escritas ni por los antiguos ni por los modernos: me deciden á hacerlo. La causa principal que me mueve á escribiros ha sido el habermelo rogado el portador de la presente, Benvenuto Benvenuti, nuestro compatriota, muy servidor de V. M. y muy amigo mio, que encontrándose en esta ciudad de Lisboa me rogó que diese parte á V. M. de las cosas vistas por mí en diversas playas del mundo, en cuatro viajes que he hecho para descubrir nuevas tierras, dos por mandato del Rey de Castilla por el Gran Océano, hácia el Occidente y los otros dos por órden del poderoso Don Manuel, Rey de Portugal, hácia el Sur, diciéndome que V. M. encontraria placer en ello y además me he decidido á hacerlo porque creo que V. M. ha de contarme en el número de sus servidores, recordando como en el tiempo de nuestra juventud, era vuestro amigo, aprendiendo juntos los principios de la gramática bajo la buena direccion y doctrina del Venerable religioso de San Márcos, Fray Jorge Antonio Vespucio, tio mio, cuyos consejos y doctrinas pluguiese á Dios hubiera seguido, que como dice el Petrarca, seria otro hombre de lo que soy. De cualquier modo que sea algo he aprovechado porque he practicado siempre la virtud y aunque estas mis frivolidades no convengan á vuestra seriedad, diré como decia Plinio[8] á Mecenas: en algun tiempo soliais recrearos con mis chanzas. Aunque V. M. esté ocupado en los públicos negocios, alguna hora tendreis de descanso para gastar algun tiempo con las cosas ridículas ó recreativas, y asi como el hinojo[9] se dá despues de las deliciosas bebidas para disponerlas á mejor digestion, asi podreis por descanso de tantas ocupaciones, mandar leer esta mi carta, para que os aparte algo del asíduo pensamiento en las cosas públicas.
V. M. sabrá como el motivo de mi venida al Reyno de España fué por causa de comercio y como seguí en esta ocupacion por cerca de cuatro años, en los cuales conocí las variaciones de la fortuna y los cambios de sus bienes transitorios, teniendo de repente al hombre en la cima de la felicidad y ya los priva de esos bienes que pueden decirse prestados, de modo que conocido el contínuo trabajo que se pone en conquistarlos sometiéndose á tantos disgustos y peligros, resolví dejar el comercio y dedicarme á cosa mas laudable como ir á ver el Mundo y sus maravillas, para lo cual se me ofreció tiempo y oportunidad habiendo el Rey Don Fernando de Castilla ordenado que saliesen cuatro buques á descubrir nuevas tierras hácia el Occidente, habiendo sido electo por Su Alteza para que fuese en esa flota á ayudar á descubrir. Partimos del puerto de Cádiz á 10 de Mayo de 1497[10] y tomamos nuestro camino por el Océano; en cuyo viaje empleamos diez y ocho meses y descubrimos mucha tierra firme é infinitas islas, casi todas habitadas, de que no hablan los antiguos por no haber tenido noticias, pues si bien recuerdo, he leido que este mar era tenido por deshabitado y de esta misma opinion fué Dante, nuestro poeta, en el Capítulo XXVI del Infierno, en que finje la muerte de Ulíses; en cuyos viajes vi cosas muy maravillosas, como daré cuenta á V. M.
VIAJE PRIMERO.
El año del Señor de 1497, á los 10 dias de Mayo como arriba dije, partimos del puerto de Cádiz cuatro naves de conserva y empezamos nuestra navegacion derecho á las Islas Afortunadas que hoy se llaman la Gran Canaria, que están situadas en el mar Océano, al fin del Occidente habitado, en el tercer clima, que alza el Polo del Setentrion fuera de su horizonte veinte y siete grados y medio y distan de esta ciudad de Lisboa, 280 leguas al rumbo entre mediodia y S. E. donde permanecimos ocho dias proveyéndonos de agua y leña y otras cosas necesarias. Hechas nuestras oraciones, desplegamos velas empezando nuestra navegacion por el Poniente, tomando un cuarto al S. E., navegamos hasta que al cabo de treinta y siete dias fuimos á dar con una tierra que la juzgamos tierra firme, la cual dista de las Islas Canarias hácia el Occidente cerca de mil leguas dentro de la Zona Tórrida, porque encontramos que el Polo del Setentrion alza fuera de su horizonte seis grados[11] y mas Occidental que la Isla Canaria setenta y cuatro grados, en la cual anclamos á una legua y media de tierra. Largamos los botes y tripulados de gente armada, fuimos á tierra y antes que llegaramos á ella vimos mucha poblacion en la playa, de lo cual nos alegramos y vimos que esa gente estaba desnuda. Mostraron tenernos miedo y se retiraron á un monte y á pesar de nuestras señas de paz y de amistad, no quisieron venir á hablar con nosotros; de modo que viniendo ya la noche y porque las naves estaban surtas en lugar peligroso, por ser la costa brava y sin abrigo, acordamos al otro dia movernos de aquí é ir á buscar algun puerto ó ensenada en que asegurar nuestras naves. Navegamos por el N. O. que en esa direccion estaba la costa, siempre á vista de tierra y viendo en ella mucha gente. Habiendo navegado asi dos dias, encontramos un lugar seguro para las naves, yendo á tierra con cuarenta hombres, consiguiendo con algun trabajo y por medio de algunos dones que hicimos, que la gente viniese á hablar con nosotros. Al dia siguiente volvimos á tierra y hallamos la poblacion muy bien dispuesta y cargada de víveres que pusieron á nuestra disposicion.[12]
Acordamos partir de este punto y andar mas adelante, costeando siempre la tierra en la que hicimos muchas escalas y tomamos informes de los habitantes y al fin de algunos dias, fuímos á dar á un puerto donde estuvimos en grandísimo peligro, del cual salvamos gracias al Espíritu Santo. Habia en este puerto una poblacion fundada sobre el agua como Venecia; componíase de unas cuarenta y cuatro casas grandes, en forma de cabañas, sostenidas sobre palos gruesísimos y sus puertas en forma de puentes levadizos, pudiéndose asi desde una casa recorrer todas las demas; viéndonos sus habitantes, mostraron tener miedo de nosotros y alzaron al instante todos los puentes. Mientras estábamos viendo esta maravilla, vinieron por el mar cerca de veintidos canoas (que son las naves que usan, fabricadas de un solo árbol) las cuales rodearon nuestros buques, manteniéndose lejos de nosotros. Viendo que á pesar de nuestras demostraciones de amistad no conseguíamos atraerlos, fuimos hácia ellos pero huyeron haciéndonos entender con señas que esperasemos y que ellos volverian. Fueron hácia un bosque inmediato del cual regresaron pronto trayendo consigo diez y seis doncellas, poniendo cuatro de ellas en cada uno de nuestros buques como rehenes; pero bien pronto las mujeres que estaban en la costa dieron grandes gritos y demostraciones de desesperacion y los hombres cambiaron sus señales de amistad por señales de guerra, trayéndonos un formidable ataque que nos puso en la necesidad de defendernos y matar algunos de ellos. Continuamos la navegacion y al fin de unas ochenta leguas descendimos en otro punto de la costa, donde vimos que la poblacion preparaba su alimento asando unos animales que nos parecieron serpientes y haciendo una especie de pan ó masa con unos pequeños peces y muchas otras clases de alimentos y frutas. Propiciada la amistad de estas gentes, hicimos una excursion como unas diez y ocho leguas al interior. Volvimos á las naves, siguiéndonos muchos de los habitantes y cuando estuvieron en ellas, resolvimos hacer algunos disparos de artillería á cuyo ruido nuestros huéspedes se lanzaron al mar con la misma ligereza que las ranas saltan al pantano.
Esta tierra es muy poblada y muy regada de rios, rica en animales que poco se asemejan á los nuestros. No tienen caballos, ni mulos, ni asnos, ni perros, ni ninguna clase de ganados. Las aves son innumerables de varias clases y colores. La tierra es muy amena y fructífera, llena de grandísimas selvas y bosques y siempre está verde pues los árboles no pierden las hojas. Muchas son las frutas y todas diferentes de las nuestras. Esta tierra está dentro de la Zona Tórrida, bajo el paralelo que describe el Trópico de Cáncer, donde alza el Polo sobre el horizonte veintitres grados. Partimos de este puerto cuya provincia se llama LARIAB y navegamos á lo largo de la costa siempre á la vista de tierra, haciendo unas ochocientas setenta leguas aún hácia el N. O.[13]
Habíamos estado ya trece meses en el viaje y los buques y sus aparejos estaban muy deteriorados y para repararlos ganamos un puerto, el mejor del mundo, en el cual estuvimos treinta y siete dias, al cabo de los cuales resolvimos volvernos á España, llevando doscientos veintidos prisioneros tomados en un combate que tuvimos últimamente y llegamos al puerto de Cádiz el 15 de Octubre de 1498.[14]