VIAJE SEGUNDO.

En cuanto al segundo viaje y á lo que en él ví mas digno de memoria voy á exponerlo del modo siguiente: Partimos del puerto de Cádiz con tres naves de conserva el dia 16 de Mayo de 1499 y empezamos nuestro camino derecho á las Islas del Cabo Verde, pasando á vista de la Isla de la Gran Canaria, hasta llegar á una isla que se dice Del Fuego[15] donde hicimos nuestra provision y partimos de ella tomando rumbo por el S. E. y en cuarenta y cuatro dias fuimos á dar con una tierra nueva, que la juzgamos tierra firme y contigua con la arriba mencionada, la que está situada dentro de la Zona Tórrida y mas allá de la Línea Equinoccial por la parte del Sur, sobre la cual alza el polo del Meridiano ocho grados y dista de dicha isla por el S. E. ochocientas leguas. Encontramos que eran iguales los dias con las noches, cuya tierra la reconocimos toda anegada y llena de grandísimos rios, al extremo de no poder acercarnos á ella con nuestros botes. Vimos por las orillas señales de ser la tierra poblada; levamos anclas y fuimos á descubrir un punto mas practicable. Encontramos en esta costa que las corrientes del mar eran de tanta fuerza que no nos dejaban navegar y todas venian del Sur, resolviendo por esta razon, dirigirnos á la parte del N. O. por donde navegamos hasta encontrar un bellísimo puerto, que estaba formado por una gran isla que protejia la entrada.[16]

Partimos de aquí y entramos en la ensenada donde encontramos tanta gente que era una maravilla é hicimos amistad con ella, obteniendo ciento cincuenta perlas en cambio de algunas bagatelas. Aquí vimos que los habitantes bebian un líquido hecho con frutas y semillas como la cerveza y entre esas frutas pudimos gustar los mirabolanos que es una fruta muy gustosa y saludable.

La tierra es muy abundante de alimentos y la poblacion muy pacífica. Estuvimos en este puerto veinte y siete dias viendo mucha poblacion que venia del interior á vernos, maravillándose de nuestra figura, de nuestras armas y vestidos y de la forma y grandeza de nuestras naves. Por esta gente supimos como existia hácia el Poniente otra poblacion que eran sus enemigos y que poseian infinitas perlas diciéndonos como los pescaban y de qué modo nacian.

Partimos de este puerto y navegamos por la costa viendo de contínuo gente en la playa; al cabo de muchos dias fuimos á dar con un puerto porque necesitabamos reparar unas de nuestras naves que hacia mucha agua, pero la poblacion aqui era tan esquiva que no pudimos tratar con ella y fuimos á una isla que distaba de tierra unas diez y ocho leguas, que encontramos estar habitada por una gente de feo aspecto, pero con la cual pudimos entrar en relacion;[17] despues de haber desembarcado en la Isla de los Gigantes que asi la llamo por la alta estatura de sus moradores, resolvimos volver á Castilla porque habiamos estado en el mar ya cerca de un año, carecíamos de víveres y los pocos que quedaban estaban perdidos á causa de los grandes calores, porque siempre habiamos navegado por la Zona Tórrida y atravesado dos veces la Línea Equinoccial, pues como dije arriba, fuimos hasta el grado ocho de latitud Sur y aqui estamos en diez y ocho grados latitud Norte. Con esta resolucion tuvimos la suerte de llegar á un punto donde hallamos una poblacion que nos recibió muy amistosamente y obtuvimos de ella gran cantidad de perlas. Detuvímosnos aqui cuarenta y siete dias, habiendo sabido cómo y dónde pescaban estas perlas, habiéndonos dado muchas ostras en las cuales estaban aun incrustadas las perlas; llegando á saber que si no están en sazon y no se desprenden por sí mismas, no sirven, ni tienen lucimiento alguno. Partimos de aqui y fuimos á dar á la Isla Antilla que es la que descubrió Cristóbal Colon algunos años antes, donde hicimos provision y estuvimos dos meses y diez y siete dias, pasando muchos peligros y trabajos con los mismos cristianos que nos hostilizaban, creo que por envidia. Partimos de dicha isla el 22 de Julio y navegamos un mes y medio al cabo de los cuales entramos al puerto de Cádiz, el 8 de Setiembre.

VIAJE TERCERO.

Estando en Sevilla reposando de tantos trabajos que habia pasado en estos dos viajes, y deseoso de volver á la tierra de las Perlas, ocurriósele al Rey Don Manuel de Portugal querer servirse de mí; y vino un mensajero con letras de S. M. en las que me rogaba que fuese á Lisboa, prometiéndome favorecerme. Fuí aconsejado para no ir y despedí al mensajero disculpándome. Pero en seguida envióme otro mensajero que lo era Bartolomeo del Giocondo, con instrucciones para llevarme de cualquier modo, y por fin me decidí á venir, lo que fué mal visto por los que me conocian, pues en Castilla estaba muy considerado y en buena posicion y lo peor fué que me partí insalutato hospite; pero en fin, así lo hice y presentándome ante este Rey, mostró tener placer de mi llegada y me rogó que fuese con tres naves que estaban prontas para descubrir nuevas tierras, y como un ruego de un Rey es mando, tuve que acceder y partimos de este puerto de Lisboa el 10 de Mayo de 1501 y tomamos nuestra derrota por la Isla de la Gran Canaria, pasando á vista de ella y de ahi fuimos por la costa de Africa hácia el Occidente en un puerto que se dice Bisenegue en Etiopía, que está dentro de la Zona Tórrida á los catorce grados y medio de latitud, donde estuvimos once dias haciendo nuestras provisiones. Partimos de este puerto y navegamos por el S. O. tomando un cuarto al Sur y á los sesenta y siete dias llegamos á una tierra que distaba de dicho puerto cien leguas al S. O. y en esos sesenta y siete dias esperimentamos el peor tiempo posible á causa de aguaceros, turbonadas y tormentas; porque estábamos en tiempo contrario, pues casi toda nuestra navegacion fué por el paralelo de la Línea Equinoccial. Plugo á Dios mostrarnos tierra nueva lo que fué el dia primero de Agosto; echamos ánclas á media legua de la costa yendo en nuestros botes á ver la tierra, que era muy amena y poblada. Tomamos posesion de ella á nombre de este Serenísimo Rey y encontré que estaba cinco grados mas allá de la Línea Equinoccial hácia el Sur.[18]

Partimos de este lugar y seguimos nuestra navegacion entre el Este y el Sur, que asi corria la tierra é hicimos muchas escalas. Y asi navegamos hasta encontrar un Cabo que, le pusimos por nombre Cabo de San Agustin, distante cincuenta leguas del otro punto en que llegamos, cuyo cabo está á los ocho grados latitud Sur y de aqui corrimos hácia el Sur hasta el grado treinta y dos, donde no veiamos ya la Osa Menor y la Mayor quedaba muy baja y casi se mostraba al fin del horizonte y nos regiamos por las estrellas del otro Polo que son muchas, mucho mayores y mas lucientes. De la mayor parte de ellas dibujé sus figuras con la declaracion de los círculos que describian al rededor del Polo Austral, con sus diámetros y semidiámetros, como podrá verse en mis Quattro Giornate.[19] Recorrimos esta costa por cerca de setecientos cincuenta leguas; ciento cincuenta del Cabo dicho de San Agustin hácia el Poniente y seiscientas hácia el Sur. Y si quisiera referir las cosas que en esta costa vi no me bastarian otras tantas hojas; basta decir que hay infinita cantidad de árboles de campeche y de otros muy apreciados. Y habiendo estado ya en el viaje cerca de diez meses, resolvimos ir á navegar por otra parte, confiándoseme la direccion de las naves; ordené se hiciera provision para seis meses y despues empezamos nuestra navegacion por el S. O. y esto fué el 15 de Febrero, cuando ya el sol se acercaba al Equinoccio y tanto navegamos que nos encontramos en un punto en que el Polo alzaba sobre nuestro horizonte treinta y dos grados.[20] Ya no veiamos las estrellas de la Osa Menor ni de la Mayor, hallándonos distantes del puerto de donde partimos, unas quinientas leguas por el Sur y esto fué el dia 3 de Abril en que estalló una tormenta tan furiosa que nos hizo arriar nuestras velas y correr al palo seco, con mucho viento que venia del S. O.[21] Las noches eran muy largas, que algunas teniamos de quince horas pues en esta region se apróxima el invierno por este tiempo. Corriendo esta tormenta, avistamos nuevas tierras por las cuales navegamos cerca de veinte leguas; siendo las costas muy bravas y no viendo en ellas puerto alguno, resolvimos volvernos al camino de Portugal, y fué muy buen consejo, pues de cierto, si tardamos mas tiempo, nos hubiéramos perdido, y asi teniamos el viento de popa. Seguimos cinco dias hallándonos ya cerca de la Línea Equinoccial en mares mas templados y quiso Dios escapáramos de tanto peligro. Nuestra navegacion fué por el viento Norte N. E. porque nuestra intencion era ir á reconocer la costa de Etiopía de la cual distábamos mil trescientas leguas, á la cual llegamos el dia 10 de Mayo, en el punto que se llama la Sierra Leona, donde estuvimos quince dias al fin de los cuales partimos hácia la Isla de los Azores, que distan de aquel lugar cerca de setecientas setenta leguas, en cuyas islas estuvimos otros quince dias tomando algun descanso y por último partimos para Lisboa de la cual estábamos mas al Occidente trescientas leguas, entrando por fin á dicho puerto el 7 de Setiembre de 1502: habiendo empleado en este viaje cerca de diez y ocho meses y once dias.

VIAJE CUARTO.

Réstame decir las cosas que ví en el cuarto viaje y por estar ya cansado y además porque este viaje no se realizó segun me lo habia propuesto á causa de una desgracia que nos sucedió en el Atlántico, como tendré ocasion de referirlo, trataré de ser muy breve y conciso. Partimos de este puerto de Lisboa seis naves de conserva con propósito de ir á descubrir una isla hácia el Oriente que se llama Malaca, de la cual se tiene noticia de ser muy rica, y que es como el emporio de todas las naves que vienen del Mar Gangético y del Mar Indico, como Cádiz lo es de todas las naves que pasan de Oriente á Poniente y vice-versa, por la vía de Calcuta y esta Malaca está mas al Occidente que Calcuta y á mayor altura hácia el Mediodia pues sabemos que está á treinta y tres grados del Polo Antártico. Partimos el 10 de Mayo de 1503 y fuimos derecho á las Islas del Cabo Verde, donde hicimos nuestras reparaciones, empleando en ellas trece dias y al fin partimos para nuestro viaje hácia el S. E. Como nuestro Capitan Mayor fuese hombre presuntuoso y terco, quiso ir á reconocer la Sierra Leona, tierra de la Etiopia Austral, contra la voluntad de todos nosotros. Navegando asi, cuando avistamos dicha tierra, fueron tantas las turbonadas y el mal tiempo, que á pesar de haber estado por cuatro dias á vista de ellas, no pudimos atracar, viéndonos obligados á volver á nuestra verdadera navegacion, tomando rumbo S. O. Despues de haber hecho unas trescientas leguas, descubrimos una tierra que vimos ser una isla en medio del mar, de costa alta y solo de dos leguas de largo por una de ancho que no está habitada. En esta isla perdió nuestro Capitan Mayor su nave, dando con ella en un escollo no salvándose sinó la tripulacion. Por órden suya fuí á buscar un surtidero en esta isla, hallándolo bastante bueno é hicimos provision de agua y leña; partimos despues hácia el S. O. porque teniamos una órden del Rey por la cual, cualquiera nave que se perdiese de la flota, fuese á las tierras descubiertas en el viaje pasado. Descubrimos alli un puerto que le pusimos por nombre Bahia de Todos Santos, donde merced al buen tiempo llegamos en diez y siete dias pues dicha isla distaba como unas trescientas leguas.[22] Esperamos dos meses á nuestro Capitan y viendo que no venia, acordamos correr la costa navegando adelante como unas doscientas sesenta leguas, hasta encontrar un puerto donde resolvimos hacer una fortaleza; la hicimos dejando en ella veinticuatro cristianos que habia recogido de la nave Capitana que se perdió. En este puerto estuvimos cinco meses ocupados en construir la fortaleza y en cargar nuestras naves de campeche, no pudiendo continuar la navegacion, porque no teniamos gente y faltaban muchos aparejos, por lo cual resolvimos volvernos á Portugal. Esta tierra está fuera de la Línea Equinoccial diez y ocho grados[23] hácia la parte del Sur y treinta y siete grados de longitud de Lisboa á cuya ciudad llegamos en setenta y siete dias el 18 de Junio de 1504.