Escucha, pues, un rato, y diré cosas

estrañas y espantosas poco a poco.1155

Ninfas, a vos invoco; verdes faunos,

sátiros y silvanos, soltad todos

mi lengua en dulces modos y sutiles;

que ni los pastoriles ni la avena[152]

ni la zampoña suena como quiero.1160

Este nuestro Severo pudo tanto

con el suave canto y dulce lira,

que, revueltos en ira y torbellino,