la cabeza partida revolcaban;

otros claro mostraban espirando,1245

de fuera palpitando las entrañas,

por las fieras y estrañas cuchilladas

de aquella mano dadas. Mas el hado

acerbo, triste, airado, fue venido;

y al fin él, confundido de alboroto,1250

atravesado y roto de mil hierros,

pidiendo de sus yerros venia al cielo,

puso en el duro suelo la hermosa