como felice planta en buen terreno.

Ya sin preceto ajeno daba tales1305

de su ingenio señales, que espantaban

a los que lo criaban. Luego estaba

cómo una lo entregaba a un gran maestro,

que con ingenio diestro y vida honesta

hiciese manifiesta al mundo y clara1310

aquella ánima rara que allí vía.

Al niño recebía con respeto

un viejo, en cuyo aspeto se vía junto