corriente, bien jurara a aquellas horas[203]
que las agudas proras dividían1625
el agua y la hendían con sonido,
y el rastro iba seguido. Luego vieras
al viento las banderas tremolando,
las ondas imitando en el moverse.
Pudiera también verse casi viva1630
la otra gente esquiva y descreída,
que, de ensoberbecida y arrogante,
pensaban que delante no hallaran