Climene, llena de destreza y maña,

el oro y las colores matizando,170

iba de hayas una gran montaña

de robles y de peñas variando.

Un puerco entre ellas, de braveza estraña,

estaba los colmillos aguzando

contra un mozo, no menos animoso,175

con su venablo en mano, que hermoso.[232]

Tras esto, el puerco allí se vía herido

de aquel mancebo por su mal valiente,