sueño por escuchar mi llanto triste.

Tú sola contra mí te endureciste,

los ojos aun siquiera no volviendo

a los que tú heciste

salir sin duelo, lágrimas, corriendo.[54]210

Mas ya que a socorrer aquí no vienes,

no dejes el lugar que tanto amaste,

que bien podrás venir de mí segura.

Yo dejaré el lugar do me dejaste;

ven, si por solo esto te detienes.215