como epitafio de la ninfa bella,

que hablaban así por parte della:240

«Elisa soy, en cuyo nombre suena

y se lamenta el monte cavernoso,

testigo del dolor y grave pena

en que por mí se aflige Nemoroso,

y llama Elisa; Elisa a boca llena245

responde el Tajo, y lleva presuroso

al mar de Lusitania el nombre mío,[243]

donde será escuchado, yo lo fío.»