que no encubre de cuanto se avecina

a su viva pureza cosa alguna.75

¡Oh, miserables hados! ¡Oh, mesquina

suerte la del estado humano, y dura,

do por tantos trabajos se camina!

Y agora muy mayor la desventura

de aquesta nuestra edad, cuyo progreso80

muda de un mal en otro su figura.

¿A quién ya de nosotros el eceso

de guerras, de peligros y destierro