No fue el troyano príncipe llorado[263]

siempre del viejo padre dolorido,215

ni siempre de la madre lamentado;

antes, después del cuerpo redemido

con lágrimas humildes y con oro,

que fue del fiero Aquiles concedido,

y reprimido el lamentable coro220

del frigio llanto, dieron fin al vano

y sin provecho sentimiento y lloro.

El tierno pecho, en esta parte humano,