que es más que el hierro fuerte,265

pues no la ha quebrantado tu partida.

¿Dó están agora aquellos claros ojos

que llevaban tras sí, como colgada,

mi alma doquier que ellos se volvían?

¿Dó está la blanca mano delicada,270

llena de vencimientos y despojos

que de mí mis sentidos le ofrecían?

Los cabellos que vían

con gran desprecio el oro,