No me den pena, pues, por lo que digo;
que ya no me refrenará el temor.
¡Quién pudiese hartarse[306]
de no esperar remedio y de quejarse!
Mas esto me es vedado40
con unas obras tales
con que nunca fue a nadie defendido;
que si otros han dejado
de publicar sus males,
llorando el mal estado a que han venido,45