por no ver hecha tierra tal belleza,385

o no ver la tristeza

en que tu Nemoroso

queda, que su reposo

era seguir tu oficio, persiguiendo

las fieras por los montes, y ofreciendo390

a tus sagradas aras los despojos?

¿Y tú, ingrata, riendo

dejas morir mi bien ante los ojos?

Divina Elisa, pues agora el cielo