[182] «Esculapio fue gran médico, tenido por los antiguos por dios de la medicina. Fue hijo de Apolo y padre de Padalirio y Macaón, grandes médicos.» (Brocense, nota 182.) «Halló muchas cosas útiles a la salud de los hombres. Fue tan excelente en la curación de los enfermos, que fuera de la opinión de todos, dicen que restituyó a muchos desesperados a la vida y que volvió a ella a muchos muertos. Acusado por esto ante Júpiter, lo mató con un rayo... Enojado Apolo desta muerte, mató a los Cíclopes que fabricaron el rayo a Júpiter.» (Herrera, pág. 606.)
[183] Repuesto D. Fernando de su enfermedad, Garcilaso y él continuaron su viaje; llegaron al Rin, y embarcados en sus aguas, pasaron a Colonia.
[184] «Dícelo por Julio César, que pasó del Rheno (Rin) contra alemanes.» (Brocense, nota 183.)
[185] «Fue Santa Úrsula hija de Dioneto, nobilísimo príncipe de Inglaterra; padeció martirio con once mil vírgenes de la mesma nación en Colonia Agripina, a la ribera del Rin, por los capitanes de Atila que la tenían cercada, en el año de nuestra salud, 352, siendo emperador Marciano.» (Herrera, pág. 607.)
[186] Aquel tirano fue, según se cree, Giula, capitán general de Atila. (Azara.)
[187] estaba en dubio, en duda; dubio es voz latina.
[188] Emplea metafóricamente suelta la rienda a su navío, como ahora decimos dar rienda suelta al llanto, al entusiasmo, a los deseos; de otro modo «parecería dura esta translación del uso de los caballos al de la navegación; pero es elegantísima, y como tal usada de los antiguos griegos y latinos de mejor fama...» (Tamayo, notas, fol. 66.)
[189] El César Carlos V recibió en sus brazos al Duque de Alba en Ratisbona, donde se hallaba convocada la Dieta entendiendo en el conflicto político-religioso promovido por el protestantismo. (Navarrete, 32.) Era también aquella ciudad punto de reunión para los caballeros que acudían al socorro de Viena.
[190] «El Príncipe turco, Solimán, que dos años antes había sojuzgado la Hungría y puesto, aunque infructuosamente, cerco sobre Viena, salió segunda vez de Constantinopla con innumerables gentes, para repetir el asedio de aquella ciudad.» (Navarrete, pág. 32.)
[191] Eran gentes de diversos pueblos y opiniones, pero con un solo propósito e intención. Los nuestros ocupaban mucho menos terreno que los enemigos... Este pasaje ha tenido mala interpretación en la edición de Castro.