[202] «Los Cíclopes fueron unos salvajes en Sicilia, que no tenían más de un ojo en la frente, y eso quiere decir en griego Ciclops. Dicen los poetas que son los herreros de Vulcano, al cual llaman aquí el gran maestro.» (Brocense, nota 191.)
[203] Nuestro lenguaje antiguo empleaba las formas esora, la hora, a esas horas, etc., con el valor castellano actual entonces, como el francés alors y el italiano allora; esta interpretación conviene en este caso a aquellas horas, en vez de suponer como Tamayo, notas, fol. 68, el latinismo ora por ribera, cuyo uso, si ha existido, debió ser rarísimo en castellano: comp. a la hora, [Canc. IV, v. 49, nota].
[204] Noticioso el Sultán de los preparativos con que acudía el Emperador, retirose de Viena a Gratz, sin aventurarse a darle la batalla, y después retrocedió definitivamente a Constantinopla. (Navarrete, págs. 42 y 43.)
[205] «Don Fernando estuvo en la persecución de algunos de los capitanes enemigos, y anhelando teñir su espada en sangre turca, sintió que la suerte no preparase a los imperiales más difíciles triunfos.» (Navarrete, pág. 43.) Cree este autor que Garcilaso no debió tomar parte en estos sucesos por haber sido desterrado por el Emperador desde el principio de la jornada, cuando el Duque y el poeta llegaron a Ratisbona. (V. [nota] a la Canc. III, v. 3.)
[206] Cuentan que los antiguos coronaban con ramos sus naves después de una victoria, y que tales ramos solían poner en el sagrario o capilla de popa; a esta costumbre pudo aludir Garcilaso, aun cuando lo que dice puede también decirse metafóricamente por las naves que volvían vencedoras.
[207] Ha dicho el Sr. Menéndez y Pelayo, Antología, XIII, pág. 54, que el pastor Albanio, enfermo de mal de amores por la hermosa Camila, debe de ser el Duque de Alba, D. Fernando; a esto quiero decir que no acierto a comprender cómo a Garcilaso pudo ocurrírsele introducir dos veces al Duque en esta Égloga con tan distinto carácter, a saber: como Duque en persona y como pastor; como esposo enamorado, correspondido y satisfecho, y, a la vez, como amante desesperado y loco furioso; téngase presente que mientras Nemoroso ha estado elogiando al Duque por su prudencia y su valor, ha tenido a sus pies al mismo Albanio, aletargado y rendido en su locura.
[208] Es necesario leer glo-ri-o-so, como o-di-o-sas, [soneto XVI, v. 1]; nuestros poetas clásicos medían a la manera latina e italiana, la-bi-os, o-di-o, glo-ri-a, y del mismo modo los derivados fu-ri-o-so, in-ge-ni-o-so, etc. (V. Elías Zerolo, Noticias de Cariasco y del empleo del verso esdrújulo en el siglo XVI. Legajo de Varios, París, 1897, y F. Rodríguez Marín, Luis Barahona de Soto, págs. 405-411.)
[209] lustre por lustro, que fue primitivamente espacio de cuatro años, y que «el uso y abuso de los gramáticos lo ha hecho de cinco». (Herrera, pág. 267.) Cuando la expedición a Alemania (1532) el Duque D. Fernando solo tenía veinticinco años, y Garcilaso veintinueve.
[210] coruscar, lucir, brillar. El Dicc. Aut. solo da coruscante y corusco, «resplandeciente, sumamente lucido y brillante».
[211] Describe pastoralmente el tiempo de la cena, de la cual es indicio el humo que sale por los alcores, chimeneas.